martes, 4 de marzo de 2014

Los cinco signos que indican que alguien ha sobrepasado tus límites.

Detectar cuando alguien ha sobrepasado un límite físico es muy fácil, hasta las personas más despistadas se percatan de ello. Sin embargo, los límites psicológicos son más sutiles y a menudo es más complicado darse cuenta de que alguien los está sobrepasando.


No obstante, el principal problema consiste en que la mayoría de nosotros no somos conscientes de nuestros límites en el plano emocional por lo que nos resulta complejo determinar con precisión cuando alguien se ha pasado de la raya. Para evitar un problema, solemos pasar por alto el incidente, lo cual significa que extendemos nuestros límites, a veces más allá de lo que sería recomendable.

Vale aclarar que extender nuestros límites no es algo negativo en sí. De hecho, las personas más creativas, inteligentes y sensibles se caracterizan por tener límites más flexibles y estar dispuestas a ampliarlos cuando sea necesario.

Sin embargo, hay ocasiones en las cuales debemos hacer valer nuestros derechos pues de lo contrario corremos el riesgo de que acaben sometiéndonos desde el punto de vista emocional. El primer paso consiste en aprender a detectar cuándo alguien está sobrepasando nuestros límites.


1. Justificas el mal comportamiento de la persona
Uno de los signos que indican que alguien puede estar traspasando tus límites son las excusas que utilizas para justificar su mal comportamiento. Se trata de un problema muy común en las relaciones de pareja, sobre todo cuando hay violencia de por medio, ya sea física o psicológica. La justificación típica suele ser: “Él es muy bueno conmigo, solo me trata mal porque está demasiado tenso con el trabajo”. O cuando dejas pasar una burla que te ha herido profundamente porque sabes que, en el fondo, esa persona “te quiere”.

Lo cierto es que aunque estemos seguros de que la otra persona nos ama, la violencia y otro tipo de comportamientos que nos causan daño no están permitidos y no se deben justificar. Debemos estar muy atentos porque los límites entre la comprensión y la sumisión son muy sutiles. Por tanto, la próxima vez que intentes comprender por qué una persona se comporta de cierta manera, asegúrate de que no estás inventándote una excusa para evitar una discusión y sentirte bien contigo mismo.

2. Te culpas por las cosas que salen mal
Si te culpas constantemente por las cosas que salen mal, ya sea en casa o en el trabajo, es muy probable que exista alguien en tu entorno que está violando tus límites. Asumir la responsabilidad por nuestras acciones es un acto loable pero no podemos cargar con las responsabilidades ajenas porque si lo hacemos, jamás resolveremos el problema, al contrario, estaremos contribuyendo a que se instaure.

Por ejemplo, si un compañero de trabajo se ha apropiado del éxito del proyecto que habéis hecho entre los dos, no debes pensar que es culpa tuya porque no supiste defenderlo en el momento de la presentación. Quizás es cierto que tienes problemas para hablar en público pero eso no significa que no hayas trabajado duro para llegar hasta ese punto y ese esfuerzo debe ser reconocido. Por tanto, esa persona está invadiendo tu espacio al apropiarse de un mérito que también es tuyo. No te culpes, lucha por lo que te corresponde.

3. Dudas de tu decisión al escuchar otro criterio
Si después de haber tomado una decisión, comienzas a dudar cuando escuchas el criterio de otra persona, es muy probable que ese amigo, colega o familiar esté intentando inmiscuirse en tus asuntos. Vale aclarar que cuando nos encontramos ante una encrucijada, es normal que consultemos a otras personas para escuchar su criterio. En ocasiones estos puntos de vista nos pueden hacer cambiar de idea y no hay nada de malo en ello. De hecho, se trata de un proceso enriquecedor.

Sin embargo, hay ocasiones en que las personas intentan manipularnos una vez que hemos tomado la decisión. El ejemplo clásico es el de los padres que afirman que apoyarán de manera incondicional a su hijo pero después cuestionan continuamente su decisión intentando que tome otro camino. 

4. No se tienen en cuenta tus opiniones
Si a menudo sientes que tus opiniones, deseos y preferencias no se tienen en cuenta, es probable que alguien esté sobrepasando tus límites. En las relaciones interpersonales es necesario negociar continuamente las decisiones. Aunque casi nunca somos conscientes de ello, lo cierto es que nos pasamos gran parte del día intentando lograr acuerdos. Algunos pueden parecer muy triviales, como la elección del restaurante o la película que veremos en el cine pero otros son más trascendentales, como la compra de la casa o la decisión de tener un hijo.

En una relación equilibrada, cada una de las partes debe esforzarse por satisfacer a la otra encontrando un punto medio que satisfaga a ambas. Sin embargo, hay ocasiones en que una de las personas impone su criterio y no tiene en cuenta las opiniones y preferencias del otro. Cuando se llega a ese punto, existe una clara violación de tus derechos como persona.

5. Te sientes “pequeño”
En los casos más extremos, cuando la persona ha soportado durante varios años que otro traspase continuamente sus límites, puede llegar a tener la sensación de que no es nadie, es como si su “yo” se difuminase. De hecho, eso es precisamente lo que ocurre.

Y es que nuestros límites psicológicos no solo sirven para indicarles a las personas hasta dónde pueden llegar en sus relaciones con nosotros sino que también nos determinan; es decir, nos identifican y nos diferencian de los demás. Por tanto, es usual que las personas que no son capaces de establecer límites saludables, sufran daños a su autoestima, vean como su abanico de intereses se reduce paulatinamente y, al final, se sientan perdidas.

¿Qué hacer cuando han cruzado tus límites?
Cuando te percates de que tus límites han sido quebrantados, debes decirlo con claridad. Expresa lo que piensas y cómo te sientes, deja clara tu posición al respecto para que en un futuro esa situación no se vuelva a repetir. Eso sí, considera que de nada vale enfadarse o hacer un drama, utiliza un tono relajado pero decidido. La idea esencial que debes transmitir es que no estás dispuesto a ceder en determinados puntos.

Fuente: http://www.rinconpsicologia.com/2014/02/los-5-signos-que-indican-que-alguien-ha.html

lunes, 3 de marzo de 2014

¿Dormir lejos de mamá afecta psicológicamente al bebé?

Cuando las parejas se separan quienes más sufren son los niños. Eso está más que comprobado. En el proceso se adjudica la custodia legal del menor y se establecen días para que el padre o madre no custodio pueda pasar tiempo con sus hijos. En estos asuntos legales se dice tomar en cuenta la estabilidad del menor pero, muchas veces ignoran cosas simples como las que voy a revelar a continuación.

Un grupo de investigadores de la Universidad de Virginia en Estados Unidos estudió el efecto que tiene para los bebés de 1 a 3 años el pasar una noche lejos de su mamá o cuidador. Estudiaron a 5 mil niños entre estas edades y cuyos padres vivían separados. Los resultados fueron sorprendentes.

Resulta que el 43 por ciento de los niños que pasaron varios días lejos de su mamá o cuidador principal mostraron mayor inseguridad que aquellos bebés que durmieron lejos con menos frecuencia (16%).

El estudio apunta a que, en sus primeros tres años de vida, el bebé crea un apego muy fuerte con su madre o cuidador principal y pasar noches lejos de ellos (en otro hogar) les provoca inseguridad. Sugieren que -en esa etapa- el bebé duerma en un solo hogar los siete días de la semana. Como papá y mamá están separados y ambos tienen el derecho de pasar tiempo con los niños, los investigadores mencionan que lo ideal es que el padre no custodio pueda pasar todo el día con ellos pero que, a la hora de dormir, lo regresen al lugar donde pernoctan con su cuidador principal.

Cuando leí esta información me transporté a mi infancia. Mis padres se divorciaron cuando tenía 9 años y mi hermano 4. Fueron momentos muy duros y se me hacía difícil tener que separarme de mi madre para irme todo un fin de semana con mi papá. Durante ese fin de semana me separaba de todo lo que me gustaba para compartir con mi padre (al que amo con todo el corazón). Poco a poco se fue acortando el tiempo que pasaba con él. Para mí era muy complicado tener dos camas, dos casas, dos familias. Esto fue así a pesar que ambos hicieron un esfuerzo heroico por llevarse bien y nunca dilucidar sus asuntos de adultos frente a nosotros. No me quiero imaginar si la historia hubiese sido otra.

También he escuchado historias de mamás que aseguran que sus bebés regresan inquietos luego de pasar un fin de semana lejos de su casa. Quizás en este estudio pueda estar la explicación.

Sería bueno que las cortes y ambos padres tomaran en cuenta este tipo de información a la hora de establecer custodia. No hablo de quitarle más derechos al papá o al no custodio sino de darle mayor seguridad al bebé que, en primera y última instancia, es quien tiene prioridad.


Fuente: http://custodiaenpositivo.blogspot.com.es/2014/01/dormir-lejos-de-mama-afecta.html

¿Cómo debemos actuar ante una pregunta inadecuada o indiscreta?

Estás cenando con unos amigos y, de repente, alguien te suelta una pregunta indiscreta, ruda o inadecuada. La comida se te queda trabada en la garganta, le miras y te preguntas cómo es posible que haya dicho tal cosa. Creo que es una situación bastante común por la que todos hemos pasado. ¿Por qué las personas hacen este tipo de preguntas? Y lo que es aún más importante, ¿cómo responderles?


Rebuscando en las causas que originan las preguntas inadecuadas

Una de las razones más evidentes por las cuales las personas hacen preguntas inadecuadas o rudas es que no se dan cuenta de ello. Por muy extraño que nos parezca, hay gente que no tiene mucha sensibilidad social y pueden sacarse preguntas debajo de la manga que están bastante fuera de lugar. Estas personas no se caracterizan precisamente por su empatía y no se dan cuenta de que sus comentarios o preguntas pueden herir tu susceptibilidad.

Otra posibilidad es que no compartan tus mismos valores. Por ejemplo, hay personas para las cuales hablar de sexo con desconocidos es algo perfectamente normal pero hay otras que consideran este tema un tabú. Si la otra persona no te conoce bien y no sabe cuáles son tus temas tabú, es probable que te lance una pregunta que consideras indiscreta o inadecuada.

Otra razón implica una postura de rebeldía. Es decir, la pregunta en realidad no es importante porque ha sido realizada con el único objetivo de decirte que comprende a la perfección lo que consideras socialmente aceptable pero no le interesa. En estos casos, se trata de un desafío.

Otro motivo es el simple enfado, ira u hostilidad hacia ti; sentimientos que pueden ser conscientes o inconscientes. Un ejemplo clásico es cuando tu pareja se siente celosa y te lanza preguntas rudas o inadecuadas delante de los demás. O cuando una persona siente envidia e intenta hacerte quedar mal. 

Finalmente, otro motivo que puede generar una pregunta inadecuada o ruda descansa en el mecanismo de identificación con el agresor. Es decir, la persona en vez de sentir simpatía con la víctima, se alía con el agresor y asume su postura. Como ella misma ha sido víctima en algún momento, asume el papel del agresor con los demás y les lanza estas preguntas que los pone en una posición incómoda. Obviamente, se trata de una actitud que se asume de manera inconsciente.

¿Qué hacer?

1. Mantén tus reacciones bajo control. Es normal mostrar un poco de sorpresa porque normalmente estas preguntas nos toman desprevenidos pero intenta controlar tus emociones porque mostrarte nervioso o avergonzado solo servirá para añadir una tensión innecesaria al asunto.

2. Tómate unos segundos para pensar lo que vas a responder. No te apresures en dar una respuesta, tómate tu tiempo para pensar qué vas a decir y si quieres responder a la pregunta. Recuerda que no estamos obligados a dar una respuesta. 

3. Sé honesto. La mentira nunca es buena consejera. Si vas a responder, di la verdad. Si no lo vas a hacer, simplemente sonríe y di algo como: "prefiero no responder a eso". No obstante, lo mejor es buscar alguna salida divertida, esto relaja las tensiones y ahoga la pregunta entre risas.


Fuente: http://www.rinconpsicologia.com/2014/02/como-actuar-ante-las-preguntas.html

viernes, 14 de febrero de 2014

Amor y odio en las relaciones de pareja

En el gigantesco contexto de las relaciones de pareja, existen muchos tipos, diversos estilos, que podemos encontrar, desde nuestro punto de vista, quizás la mejor sea la que promueve el crecimiento y desarrollo personal e intelectual de los miembros de la pareja; pero en otros lamentables casos, se pueden generar interacciones en la relación que llegan a resultar nocivas y muy destructivas, en muchas parejas es posible que desde el inicio de la relación, las dinámicas sean saludables, basadas en el apoyo mútuo, cuidándose recíprocamente; por desgracia también es posible que algunas conductas adversas aparezcan conforme existe más convivencia, quizás estas hayan sido heredadas y se fortalezcan con el tiempo, llegando a crear una muy dañina convivencia.

Una relación de pareja es sin duda un desafío y más aún, mantenerla en equilibrio, no dejando de lado la independencia de cada uno de los miembros, es bastante común que uno o ambos vayan cediendo concesiones, dejando a un lado ciertos gustos, actividades y hasta ideologías; es completamente normal y hasta esperado que cada uno de nosotros dé algo de sí en el proceso de acomodación a la otra persona; lo que no es aceptable es que muchas veces perdemos iniciativa hasta llegar a un punto que resulta francamente intolerante.

La libertad se va perdiendo y pereciendo frente a la apatía de una relación dependiente e incluso simbiótica, para desgracia de la pareja, la percepción que tienen de lo que está ocurriendo suele no ser muy clara, siendo vaga y confusa; la mezcolanza de sentimientos nubla la percepción de la situación y uno, o ambos miembros de la relación, se ven fuertemente influenciados por la emoción antes de la razón, pues es imposible ser completamente objetivos frente a los problemas en que estamos inmersos.
El principal problema cuando sucede esto en una relación, es que estos estados de confusión y constantes peleas por el dominio pueden terminar en la creación de odio y resentimiento; sobre todo en la persona que por lo regular termina por dar la razón al otro, pues la persona siente, de forma consciente o inconscientemente, que ha cedido demasiado, que su individualidad se ha perdido, sintiéndose menos libre en todo lo que hace. Esa sensación de dependencia, causa malestar e impide ver las cosas con claridad, negando la oportunidad de apreciar esas cosas positivas que la otra persona posee, pues por lo general nos enfocamos tan sólo en hacer evidente lo desagradable de la relación, lo que tiene como resultado un círculo vicioso que no permite la superación de los problemas y nos estanca en una relación inmadura incapaz de trascender.

Una extraña mezcla se conjuga entre amor y rechazo, capaz de causar mucho desconcierto y malestar, haciendo que el desenvolvimiento de la relación se complique demasiado, es posible que las personas sigan amándose, aunque exista en ellas cierto egoísmo y dependencia; por otro lado, el resentimiento generado a causa de la sensación de pérdida de libertad produce malestar, aborrecimiento y hasta rencor con respecto a la otra persona.

Y así, los miembros de la pareja oscilan entre el amor y el rechazo que sienten entre sí, convirtiendo la relación en una extraña amalgama, una inestable mezcla de “odio y amor”.

Las relaciones sentimentales son complicadas, pero son complicadas por que se necesita de dos personas para darles vida, compaginar dos historias, dos diferentes orígenes, dos caminos muchas veces completamente opuestos; no basta con sentir amor, debemos fomentar la comprensión de que al aceptar compartir mi espacio, mi tiempo, mi vida con otra persona, estoy aceptando el reto de encontrar el equilibrio entre mi ser y el de mi pareja.

Debemos estar conscientes de que ya no existe “tú y yo”, pues se ha convertido en un “nosotros”; estar seguros de que antes de ti yo no era yo, antes de mi tú no eras tú y antes de ser nosotros dos, no éramos ninguno de los dos.



Fuente: http://revista-digital.verdadera-seduccion.com/amor-y-odio-en-las-relaciones-de-pareja/

Valorar el amor

Desde tiempos inmemorables se ha mencionado que solo una vez en la vida te puedes enamorar, que el primer amor es el único y verdadero que nunca se olvidará. Se han hecho poemas, canciones, tributos que dan a conocer lo que significa para cada quien esa persona que decimos especial.

Un querido amigo mío, y de muchos en mi país, nos decía un día que el pensar que alguien es especial para nosotros es pensar hacerle parte de uno, volver a juntarse en una fusión que nada pueda dar cabida a una separación de ninguna manera, tan parecido al caso de una historia que cuenta que en un planeta había seres con cuatro brazos, dos cabezas, es decir todo doble pero que por una catástrofe, una explosión hizo pedazos a tal planeta y partió en dos a sus habitantes, “… de allí la necesidad de cada persona por encontrar su otra mitad…” nos decía.

Una fusión de tal característica es ideal para cada uno de nosotros, pues así lo manda la ley cuando dos personas se unen en matrimonio, que expresa que la mano del hombre no intervenga en esa relación, y estoy de acuerdo en ello.

Hasta ahora he comentado sobre la situación que todos hemos vivido en algún momento determinado y que hubiésemos deseado nunca se termine, pero debo de decir que si existe el caso en que muchas parejas a pesar de su gran amor, han tenido que separarse por diferentes circunstancias que no cabe al momento mencionarlas. Estas separaciones en muchos de los casos terminan con corazones lastimados y heridos, un corazón desconfiado que muy difícilmente podrá volver a sentir algo por otra persona.

Es allí dónde puedo decir que si podemos enamorarnos otra vez, y no será como la primera de seguro, pues dependiendo de las dos partes, pueden hacer que ese sentimiento sea más fuerte que lo anteriormente vivido. Nunca se puede comparar un sentimiento vivido con otro, cada persona es especial en determinada manera y por naturaleza propia podemos aportar algo nuevo que faltó en la anterior relación. Es poder darnos cuenta también de las cosas que nos hicieron fallar y no volver a cometer esos mismos errores, pues ya sabemos a qué nos conducirá esos caminos borrascosos.

Mi artículo se refiere a “amar por décima vez” y no se refiere a seguirlo estrictamente con diferentes personas, podemos amar por decima o muchas más a la misma persona, pero que cada vez sea diferente y mejor. No deseamos ir de relación en relación desgastando nuestro interés y fuerzas que solo deberíamos dedicar a quién decimos amar desde el inicio.

El hecho de ir de relación en relación es como ir despegando de nuestra piel, una cinta adhesiva, si diez veces terminaste con alguien e iniciaste con alguien nuevo, diez veces tendrás que sacar esta cinta de tu piel y verás que cada vez tu piel queda débil o desgastada.

No es fácil poder mencionar estos casos cuando quién los escucha (o lee) está pasando por problemas recientes, pero si puedo decir que cada quien debe de estar muy seguro de sí mismo y de que las cosas que ha dado o entregado en una relación son lo que siempre deseó, es decir, con sinceridad, honestidad y sin querer herir a su ser amado.

Para que dedicarse a enamorar diez veces a otras personas cuando esas mismas diez veces las podemos hacer para una sola. Que no sea la monotonía la que nos gane la batalla y nos deje en algún momento solos lamentándonos de lo que pudo haber sido y ya no tenemos. Hagamos que cada día sea especial para cada uno de nosotros y de nuestra pareja con las cosas que hacíamos cuando éramos para así poder valorar más aun la relación que decidieron rescatar.


Fuente: http://revista-digital.verdadera-seduccion.com/valorar-el-amor/


martes, 11 de febrero de 2014

Mi Soledad


La soledad, esa gran catástrofe humana

La soledad se solía diagnosticar como una variante de la depresión. Hoy se le ha reconocido lo que se atribuye a las nuevas disciplinas: sustantividad propia. El universo de cada individuo está atiborrado de luces que pueden cada una de ellas activar, neutralizar o retardar el sentimiento de rechazo o aceptación de los demás.

¿Cómo habían podido las primeras comunidades sobrevivir un millón de años desconociendo la naturaleza gravitatoria de la soledad? La soledad solo surgía cuando se perdía el centro de gravedad, que todo parecía arremolinar a su alrededor; se alejaba la manada y dejaba al individuo solo consigo mismo. Si la historia de los sentimientos hubiera precedido a todo lo demás, como hubiera sido lógico, el primer gran sinsabor, la primera catástrofe, hubiera sido la expresión de la soledad: la ausencia de algo de lo que todo dependía, como el sentimiento de pertenencia a la manada.

De ahí arranca el origen de la empatía, que surge como el acicate principal del comportamiento prosocial. Al contrario de lo que han predicado la mayoría de los autores y, muy especialmente, el etólogo austriaco Konrad Lorenz, las tinieblas del pasado no eran pura violencia y agresividad destilada por la trama genital de los primeros antepasados de los humanos: los chimpancés, junto a sus allegados opuestos, los bonobos. Los niveles de violencia heredados, lejos de explicarlos el entramado genético, resultan ser la pura tergiversación de la experiencia individual.

La soledad sorprende a la víctima indefensa y totalmente desacostumbrada. Nadie está solo al nacer ni a medida que va creciendo. La naturaleza se encarga de que tanto en el ejercicio del sexo como en saciar el hambre, prodigar cuidados o ser sociable se garantice la reproducción y supervivencia. Si lo único que contara fuera la aversión a la amistad y la inclinación a la violencia, los soldados en la guerra se sumirían en ella con pasión.

Todos los experimentos efectuados demuestran absolutamente lo contrario: el rechazo inicial al uso de la violencia es innato. Los soldados deben aprender a matar si no quieren sucumbir al miedo. Tal y como sugiere Frans B. M. de Waal, los conatos de violencia anteriores a los grandes asentamientos agrícolas de hace doce mil años se pueden atribuir a mentes degeneradas o efectos de desórdenes postraumáticos de crisis de estrés. Nuestros antepasados eran, en promedio, gente pacífica que solo se sentía segura cuando formaba parte de la manada. La soledad no solo era difícil imaginarla, sino la fuente de todos los desvaríos y maltratos. Solo la muerte, la pérdida de la encrucijada de regreso o la expulsión de la manada podían incubar la soledad viciosa y desesperada. Parece absurdo pretender que la soledad es la fuente de inspiración, como se ha sugerido tantas veces. Pero también es absurdo pensar que la soledad condena en todos los casos al ostracismo y la infelicidad. Anthony Storr, el médico psiquiatra inglés, supo esbozar ese mundo con desusado dramatismo: se refería al testimonio de un prisionero.

¿Puede imaginar lo que implica ser prisionero para toda la vida? Los sueños se transforman en pesadillas y se descomponen los castillos que solo la imaginación sustentaba; solamente puedes imaginar fantasías y al final aborreces la realidad y prefieres vivir en el reducto contorsionado de un rincón que no es real. Se rechazan las leyes que rigen la vida ordinaria y se aceptan solo aquellas que determinan la vida aparte del resto. Pero en tu pequeño mundo no caben ni la luz ni las sombras; solo hay la oscuridad necesaria para vivir en un mundo traspuesto y fingido.

Autor: Eduard Punset