miércoles, 18 de diciembre de 2013

PONIENDO LÍMITES A LOS HIJOS.

Quiero compartir con ustedes dos citas que contiene el libro de Fernando Osorio, Bullying – Matón o Victima ¿Cual es tu hijo?, que explican la función de los limites y de la palabra de los padres como reguladora del descontrol de sus hijos. Espero que les guste tanto como a mi.

Poner limites es frenar el impulso de satisfacción inmediata que pretenden nuestros hijos. Y esto se hace desde que nacen . Si ante el primer llanto le damos siempre la teta o el chupete, nunca nos vamos a enterar qué necesita ese bebé. Lo que estamos haciendo es taponar su manifestación. Por un lado, no nos enteramos realmente qué le pasa o quiere; y por otro lado, frenamos a ese hijo en su intención de hacernos saber que le pasa. Entonces deja de expresarse o siempre vamos a intentarlo hacerlo callar, aunque no sepamos qué le pasa o necesita. 

Los padres no les hablamos a nuestros hijos para que nos hagan caso, sino para que aprendan a registrar  y a internalizar nuestra palabra y nuestras opiniones como una voz oculta que, llegando el momento justo, funcionará como regulador de sus propios descontroles. Si además en el camino de esta construcción nos hacen caso, mejor. 


Fuente: http://psyciencia.com/2013/10/08/poniendo-limites/

martes, 17 de diciembre de 2013

LA NECESIDAD DE LLORAR

De niños solemos llorar por cualquier situación adversa o que no nos guste con tal de hacer valer nuestros deseos. Cuando vamos cumpliendo años la cantidad de veces que lloramos va disminuyendo porque nos damos cuenta intrínsecamente que no todo en el mundo es intentar hacer valer nuestra voluntad sobre otros para que nos sigan porque con el tiempo las personas nos hacen cada vez menos caso.

Sin duda dejamos de llorar porque notamos que empiezan a no tomarnos en cuenta y que ni siquiera una rabieta lograra hacer que seamos el único punto de atención, como solía ser antes cuando éramos niños; o no lo hacemos porque la vergüenza y el orgullo manejan nuestra vida ahora, mientras en el pasado la manejaba la imaginación y el ego.

Crecer implica darnos cuenta mediante hechos que realmente estamos solos en esta vida, que a pesar del amor que la gobierna, no somos capaces de comprender que las personas viven su propia realidad de acuerdo a lo aprendido. Algunas siguen llorando y otras aguantan la necesidad de llorar porque nada las afecta o porque algo las afecta tanto que niegan realmente las ganas de dejar que el alma se exprese totalmente en forma de lágrimas.

Queremos siempre parecer más grandes, demostrar seguridad y sentirnos importantes porque ya no nos tratan como a niños, pero ¿es justo para nosotros mentirnos de ese modo? ¿Es lógico querer ser mayores, tener hijos y dejar una descendencia en un mundo que sigue jugándonos malas pasadas? No hay duda que es una buena idea, solo si de vez en cuando lográsemos escondernos en algún rincón seguro, para luego intentar concentrarnos y empezar a expulsar toda la verdad convertida en lágrimas que vamos acumulando con el vivir y que no somos capaces de expulsar porque el las escondemos sin querer, debido al orgullo y la vergüenza que se sumergen cada vez mas profundo en nosotros con el pasar del tiempo.

Fuente: http://ginocassini.blogspot.com.es/2008/12/la-necesidad-de-llorar.html

domingo, 15 de diciembre de 2013

EL ARTE DE ESTAR EN SILENCIO

Cuando hables procura que tus palabras sean mejores que el silencio dice un proverbio hindú. Hacemos un mal uso de las palabras y muchas veces hablamos por hablar. Usamos palabras para llenar los vacíos que nos producen angustia, y nos mueven una sensación de soledad que nos aterra. Pensamos que no hablar es hacer silencio, pero tampoco.Tenemos mucho ruido interno, que impide que hagamos silencio para evitar el contacto con nosotros mismos. Este ruido interno es nuestra voz interior que nos juzga constantemente. ¿Qué pasa si hacemos SILENCIO en mayúsculas?¿ Por qué nos da tanto miedo y para qué sirve? Sigue leyendo..... 


El miedo al silencio 


Hay personas que ponen la tele, para no estar en silencio, y dicen que les hace compañia mientras hacen cosas. Otras personas llenan los huecos de silencio con palabras vacías para no sentirlo. El mal uso de las palabras hacen que pierdan valor. Cuando hablamos por hablar, sin querer decir nada, estamos huyendo de nuestro interior. A la mayoría nos incomóda, sentir ese silencio interno, y por tanto, el silencio externo aún nos molesta más.

Seguro que has experimentado alguna vez, algún silencio en grupo, y alguien para romperlo dice: ¡Ha pasado un ángel!. Hay muchas maneras que usamos cotidianamente para evitar estar en silencio. ( risa nerviosa, tics, toser, dibujar, movernos excesivamente etc). El miedo a estar en silencio, es el miedo a estar en contacto con nosotros mismos, con nuestra esencia, con lo que de verdad sentimos, necesitamos y anhelamos.


El ruido interior que no nos deja escuchar 



Estar callado, no es estar en silencio. De hecho, ,muchas veces estamos callados, y hay mucho ruido exterior ( música, conversaciones, ruidos de la calle, tv, etc) que nos deja escuchar nuestro silencio interior. Pero, si por fin conseguimos, encontrar un momento para estar en ausencia de ruido externo....¡SOPRESA! Nos encontramos con nuestro ruido interno. Esas voces internas, que juzgan cada movimiento que hacemos, nuestros pensamientos. Éstos no son fáciles de silenciar, de hecho, normalmente, nuestro juez interno, nos da órdenes, o emite opiniones de todo lo que hacemos, decimos o sentimos.

Es un disco rallado, que la mayoría de veces no tiene un stop, y nos acompaña hasta el momento de ir a dormir. Normalmente, son diferentes voces, que se pelean entre ellas, una dice por ejemplo: - ¡cinco minutos más! la otra dice: - ¡levántate ya que llegas tarde! Una se pone autoritaria, y la otra es más benevolente. El caso es que, el ruido interior, nos impide, escuchar nuestro verdadero silencio.  Hemos de aprender a no hacer mucho caso a nuestros pensamientos, y en concreto a nuestro ruido interno.


El silencio que nos da tranquilidad


El silencio que nos da fuerza permite que recarguemos pilas, y permite llenarnos de tranquilidad y serenidad. No todos los silencios nos transmiten paz, existe el silencio, del bloqueo, de no saber que decir, de la incomprensión, de no atreverse a decir algo etc. No todos los silencios nos energetízan. Ahora, si somos capaces de trabajar nuestro silencio exterior ( éste es normalmente el más fácil) luego podremos trabajar el interior.

Nuestro bienestar, depende directamente de poder estar tranquilos y en armonia con nosotros mismos.Hay momentos en la vida en que necesitamos estar completamente en silencio, y escucharlo de verdad. La comunicación verdadera que tiene sentido para nosotros, muchas veces se da después de un sliencio reflexivo. 

Las decisiones importantes se toman mejor después de un silencio profundo para escucharnos profundamente. No podemos conseguir este silencio, ausente de ruido interno, sin trabajo personal. Es un camino interior que podemos explorar para sentirnos mejor con nosotros mismos y con los demás. 

Con la palabra, el hombre supera a los animales, pero con el silencio se supera a sí mismo.  Paul Masson


Fuente: http://psicoemocionat.com/1/post/2013/10/el-arte-de-estar-en-silencio.html#.Uq4uDPTuKSo
Escrito por:
Adriana Reyes
Psicóloga Col.19.831
Psicoterapeuta integradora.

viernes, 13 de diciembre de 2013

LÁGRIMAS AL PESO

Mientras paseaba por una ciudad del sur de Europa, durante unas vacaciones, llegué hasta un mercadillo. Los puestos de estructura tubular se alternaban con simples mantas tendidas en el suelo. Pude ver multitud de mercaderías: mujeres y hombres ofrecían comida casera, ropa, zapatos, bisutería, té recién hecho, pan, libros usados, monedas… Poco más o menos allí había de todo, como en cualquier zoco o mercado ambulante de cualquier parte del mundo. Sin embargo, uno de los comerciantes me llamó la atención.

Estaba sentada sobre una manta de vistosos colores azules. Varios almohadones eran su compañía, pero no había mercancía alguna junto a ella. Solamente un cartel: “lágrimas al peso”. Me senté frente a aquella mujer con las piernas cruzadas, la libreta en la mano y una sonrisa. Le dije que me interesaba conocer su historia. “A mí la suya no. En absoluto”. Me dejó de piedra. “Usted no necesita mis servicios. Las personas que sonríen no me sirven para hacer negocio”. Compré toda su mañana de trabajo con un billete de 20 euros, y ella recogió su manta y sus cojines y me siguió.

Se llamaba Soraya, y no era de nadie. Me lo repitió varias veces: “no soy de nadie. No quiero marido, no nací para estar atada. Aquí solo trabajas honradamente para tu marido y su familia. Las viudas, las solas, solo pueden ser putas. Yo no soy ni lo uno ni lo otro. Lloro las penas de los demás a cambio de dinero. Es un oficio limpio que no ofende a nadie, y me permite vivir sin que me escupan a la cara”. Me costó asimilar tanta información. Aquella mujer esbelta de enormes ojos negros y piel aceitunada tenía ascendentes egipcios, turcos, griegos, gitanos, fenicios. Sangre de todos los colores gracias a la que no se identificaba con ningún estereotipo. Era como una oveja azul en medio de un rebaño de ovejas negras.

Decidí seguir preguntando. Nunca había conocido a nadie tan peculiar. “¿Lloras por encargo? ¿Eres una plañidera, entonces?” Se echó a reír. No, no debía ser eso. Sus ropas de colores no eran, precisamente, apropiadas para ir a los entierros a llorar ruidosamente al difunto por unas monedas. “Hace mucho tiempo que la valía de un hombre no se mide por el volumen de los llantos que le acompañan a la tumba. La muerte ya no es negocio, es simplemente desgracia. No, a mí me interesan mucho más los vivos”. Era terriblemente enigmática. No terminaba de explicarme a qué se dedicaba exactamente, y ya estaba pidiendo el segundo té y una bandeja de pastas con miel y sésamo para acompañarlas. Escribir su historia me estaba saliendo bastante caro. Imagino que, para una vez que podía ganarse algo sin llorar, iba a aprovecharlo cuanto pudiese.

Cuando terminó con la última gota de té y la última pasta, se limpió ceremoniosamente y me anunció: “ya estoy lista. Coge tu bolígrafo”. Por fin iba a desvelarme su particular misterio. “En este lugar, las mujeres lloran solas, y los hombres también. Ellas no pueden hacerlo en público ni ante los hombres, sería una vergüenza. Ellos no pueden hacerlo en público ni ante las mujeres, sería una señal de debilidad. Todo el mundo sabe que las penas que no se lloran se enquistan dentro, y hacen que la persona enferme y muera, pero a nadie le gusta llorar solo. No se trata de encontrar un hombro en el que desahogarse, se trata de encontrar alguien que te comprenda tanto que pueda compartir tu pena y llorarla contigo. Aquí, la falta de comunicación es terrible, las normas sociales son tan rígidas que les impiden hablar, expresar sus sentimientos como personas libres. Por eso me buscan a mí. Yo no soy de nadie, no obedezco esas normas que atan a los demás porque no pertenezco a su sociedad ni a su cultura. Abren sus almas hacia mí, yo les escucho, entiendo su pena y la hago mía. Lloro con ellos, les ayudo a limpiarse por dentro, y cuando se han calmado me pagan mi servicio y se van. Eso es todo”.

Anoté sus palabras en mi cuaderno; hablaba deprisa, y yo escribía como una posesa para no perder ningún detalle de su explicación. Cuando terminé le hice una última pregunta: “¿Y dónde encaja lo de el peso?” pregunté aludiendo al cartel de su puesto en el mercado. Me miró como si yo fuera estúpida, como si no hubiese entendido nada. “Me peso antes y después de cada trabajo. ¿Cómo si no mediría la cantidad de lágrimas que derramo por alguien? Cuanto más lloro, mejor se sienten. Las penas grandes exigen mucha agua salada para disolverse. La tarifa varía, a las mujeres les cobro menos, ellas siempre tienen muchos más motivos para sufrir. Es un buen negocio, no creas. En esta ciudad nunca me faltará trabajo”.

Me fui hacia mi hotel pensando en todo lo que Soraya me había dicho, y me di cuenta de que quería, necesitaba, volver cuanto antes a casa para escribir esta historia, para ver a mis amigos y a mi familia y saber, verificar, que yo no llegaría al extremo de tener que pagar una Soraya para compartir pena y llanto. Que no me faltaría quien me abrazase y acompañase mis lágrimas si estas me fueran necesarias para seguir viviendo.

Fuente: http://susanarodriguezcuentahistorias.blogspot.com.es/2012/04/lagrimas-al-peso.html

jueves, 12 de diciembre de 2013

ESA NECESIDAD DE SONREIR, AÚN SIN GANAS, SIMPLEMENTE PARA QUE OTRA PERSONA PUEDA HACERLO...

CUENTO: CADENA DE SONRISAS

La señorita Elisa aquel día había propuesto un nuevo reto a sus alumnos: la alegría, y lo había hecho en plan desafío de récord. 

Les había nombrado "recaudadores" de alegría, para ver qué se les ocurría con tal de provocar la alegría de los que les rodeaban. 

Y aunque todos hicieron cosas realmente encantadoras, aquella vez Carla Simpatías dejó a todos con la boca abierta.

Algunos días después del encargo de la señorita Elisa, Carla apareció cargando un gran saco.
  • Aquí traigo toda la alegría que he recaudado en estos días -dijo sonriente.


Todos estaban expectantes, pero la niña no quiso mostrar el contenido del saco. En vez de eso, sacó una pequeña caja, tomó una cámara de fotos instantánea, y le entregó la caja a la maestra.
  • Ábrala, señorita Elisa.


La profesora abrió la caja despacio y miró en su interior, y una gran sonrisa se dibujó en su rostro; en ese momento, Carla le hizo una fotografía. Luego le entregó la foto y un papel.

La maestra leyó el papel en silencio, y cuando terminó, señaló con gesto de sorpresa el gran saco.
  • Así que eso es...
  • ¡Sí! -interrumpió la niña, deshaciendo el nudo que cerraba el saco- ¡un gran montón de sonrisas!


Y del saco cayeron cientos de fotos, todas ellas de variadas y bellas sonrisas.

El resto de la clase lo dedicaron a explicar cómo a Carla se le había ocurrido iniciar una cadena para alegrar un poquito a las personas: en la caja sólo había una foto con una gran sonrisa, y todos, al abrirla, sentían la alegría que transmitía y respondían a su vez con una sonrisa, casi sin querer. Carla les sacaba una foto con su propia sonrisa, y les entregaba un papelito donde les pedía que hicieran lo mismo con otras personas, y le enviaran una copia de las fotografías a la dirección de su casa.

Y durante aquellos días y meses, el buzón de Carla no dejó de llenarse de las fotos de las sonrisas de tanta gente agradecida, ayudando a todos a comprender que el simple hecho de sonreir ya es un regalo para todo el mundo.


Fuente: http://cuentosparadormir.com/infantiles/cuento/cadena-de-sonrisas

martes, 10 de diciembre de 2013

LAS EMOCIONES

Miedo
Una emoción es un estado afectivo que experimentamos, una reacción subjetiva al ambiente que viene acompañada de cambios orgánicos (fisiológicos y endocrinos) de origen innato, influidos por la experiencia. Las emociones tienen una función adaptativa de nuestro organismo a lo que nos rodea. Es un estado que sobreviene súbita y bruscamente, en forma de crisis más o menos violentas y más o menos pasajeras.
Sorpresa

En el ser humano la experiencia de una emoción generalmente involucra un conjunto de cogniciones, actitudes y creencias sobre el mundo, que utilizamos para valorar una situación concreta y, por tanto, influyen en el modo en el que se percibe dicha situación.

Aversión
Durante mucho tiempo las emociones han estado consideradas poco importantes y siempre se le ha dado más relevancia a la parte más racional del ser humano. Pero las emociones, al ser estados afectivos, indican estados internos personales, motivaciones, deseos, necesidades e incluso objetivos. De todas formas, es difícil saber a partir de la emoción cual será la conducta futura del individuo, aunque nos puede ayudar a intuirla.

Ira
Apenas tenemos unos meses de vida, adquirimos emociones básicas como el miedo, el enfado o la alegría. Algunos animales comparten con nosotros esas emociones tan básicas, que en los humanos se van haciendo más complejas gracias al lenguaje, porque usamos símbolos, signos y significados.

Alegría
Cada individuo experimenta una emoción de forma particular, dependiendo de sus experiencias anteriores, aprendizaje, carácter y de la situación concreta. Algunas de las reacciones fisiológicas y comportamentales que desencadenan las emociones son innatas, mientras que otras pueden adquirirse.
Tristeza

Charles Darwin observó como los animales (especialmente en los primates) tenían un extenso repertorio de emociones, y que esta manera de expresar las emociones tenía una función social, pues colaboraban en la supervivencia de la especie. Tienen, por tanto, una función adaptativa.

Existen 6 categorías básicas de emociones:


  • MIEDO: Anticipación de una amenaza o peligro que produce ansiedad, incertidumbre, inseguridad.
  • SORPRESA: Sobresalto, asombro, desconcierto. Es muy transitoria. Puede dar una aproximación cognitiva para saber qué pasa.
  • AVERSIÓN: Disgusto, asco, solemos alejarnos del objeto que nos produce aversión.
  • IRA: Rabia, enojo, resentimiento, furia, irritabilidad.
  • ALEGRÍA: Diversión, euforia, gratificación, contentos, da una sensación de bienestar, de seguridad.
  • TRISTEZA: Pena, soledad, pesimismo.



Fuente: http://psicologia-salud.blogspot.com.es/2008/01/las-emociones.html