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lunes, 6 de enero de 2014

Nuestra mente y la salud

Cuando estamos absortos imaginando una fantasía sexual, nuestro cuerpo puede responder como si estuviera teniendo esa experiencia; la mera suposición anticipada de un encuentro hostil puede hacer subir la presión sanguínea; conjeturar una situación que nos provoca temor acelera nuestro ritmo cardiaco… Estos ejemplos muestran que la relación entre lo que proyectamos en nuestra mente y la respuesta fisiológica y corporal es evidente. Del mismo modo, cuando suponemos que algo ocurre, nues­­tro cuerpo responde como si estuviera sucediendo en la realidad. Si cambiamos lo que imaginamos por algo más positivo, podemos influir directamente en la situación.

Numerosos estudios muestran que las imágenes construidas conscientemente pueden llevar a efectos tales como un aumento de la glucosa en sangre, la formación de ampollas, mayor secreción de ácido gástrico, y cambios en la temperatura de la piel y en el tamaño de las pupilas. Está claro que el cuerpo y la mente constituyen un sistema unificado e interdependiente. El poder de la creencia y de la imagen que mantenemos asociada a ella nos ayuda a mejorar nuestra salud cuando son positivas. En cambio, cuando son negativas, se incrementa nuestro malestar.

El esfuerzo creativo. A veces recurrimos a recuerdos negativos de situaciones que hemos vivido que nos hacen mantener una visión nociva de lo que puede ocurrir. En casos así debemos hacer un esfuerzo creativo para llegar a enfoques positivos. Podemos lograrlo descubriendo en nuestro pasado experiencias de superación y recurriendo a ellas, o bien imaginando un futuro mejor. Esto tendrá consecuencias saludables a todos los niveles: mental, corporal, emocional y relacional.

Alimentar la confianza. Los medicamentos actúan en ocasiones con un efecto placebo. Son productos que quizá no tienen una elevada repercusión fisiológica, pero son curativos porque el enfermo está convencido de que esa será su consecuencia. El efecto placebo se da, por ejemplo, cuando el médico transmite una imagen de futuro positivo al paciente. Esto alimenta su confianza y su esperanza. Con ello, el paciente cree en el resultado que obtendrá y, así, lo atrae y lo genera. Es decir, el resultado fisiológico de los pensamientos afecta directamente a la salud.

David Cooperrider, creador e impulsor de la Indagación Apreciativa, en su artículo sobre imagen positiva-acción positiva afirma: “La respuesta placebo es un proceso fascinante y complejo en el cual las imágenes proyectadas, tal como se reflejan por una creencia positiva en la eficacia de un remedio, provocan una respuesta curativa que puede ser tan poderosa como la terapia convencional. Aunque el fenómeno del placebo ha sido controvertido durante casi veinte años, la mayoría de los médicos aceptan hoy día como genuino el hecho de que entre uno y dos tercios de todos los pacientes tendrán una mejoría marcada fisiológica y emocional en sus síntomas simplemente creyendo que se les está dando un tratamiento efectivo” (Beecher, 1955; White, Tursky y Schwartz, 1985).

Norman Cousins, miembro de la Facultad de la Escuela de Medicina de UCLA (Universidad de California, Los Ángeles), en su obra Las opciones humanas (1981), sugiere que, más allá del sistema nervioso central, del hormonal y del inmunológico, hay otros dos que no se han tenido en cuenta convencionalmente, pero que deben reconocerse como esenciales para el buen funcionamiento del ser humano: el curativo, y el sistema de creencias. Cousins argumenta que los dos trabajan juntos: “El curativo es la forma en la que el cuerpo moviliza todos sus recursos para combatir la enfermedad. El de creencias es, a menudo, el activador del sistema curativo”.

La investigación en muchas áreas confirma este punto de vista y muestra que las respuestas placebo no son místicas ni inconsecuentes, y que las respuestas mentales y psicofisiológicas pueden ser canalizadas a través de más de cincuenta mensajeros moleculares neuropéptidos que enlazan los sistemas nerviosos, endocrino, autónomo y central (White, Tursky y Shwartz, 1985).

Una experiencia personal. He comprobado en carne propia los beneficios de mantener creencias e imágenes positivas sobre mi situación corporal. Sin ir más lejos, en 2011 tuve un accidente de moto en el centro de la ciudad de Barcelona. El impacto afectó a nueve vértebras, con fracturas, aplastamientos y fisuras de diversa consideración. Utilicé de inmediato la visión positiva: ¡Estoy viva! ¡Respiro! Un sentimiento de agradecimiento se apoderó de mí mientras aún yacía en la calle.

El pronóstico fue que debía pasar tres meses en posición horizontal, sin poder doblarme. Me vi obligada a ponerme un corsé de hierro para poder mantenerme en posición vertical, pero procurando no estar más de 30 minutos al día de pie. Después de tres meses en cama tuve una larga recuperación, que duró otros tantos debido a la pérdida de tono muscular provocada por la inmovilización.

El traumatólogo estudió la primera resonancia magnética después del accidente y me dijo que alguna de mis vértebras continuaría aplastada de por vida. Decidí desafiar su pronóstico y utilizar el efecto placebo: cada día en meditación visualizaba el crecimiento de mis vértebras y que podía moverme con total flexibilidad. Además seguí un régimen alimenticio que contribuyó a prevenir la descalcificación.

Dos meses y medio más tarde escribía: “Hoy he visto los resultados de las radiografías, y las vértebras que supuestamente tendría aplastadas de por vida han rehecho su altura y las he recuperado al cien por cien. Las vértebras están vivas y han crecido”.

En todo el proceso apliqué lo siguiente:
  • Apreciar el hecho de estar viva. La actitud de agrade­­ci­­miento y aprecio genera bienestar, y ello contribuye a una mejora vital.
  • Visualizar mi futuro con las vértebras restablecidas en su altura y flexibilidad normal. Me visualizaba danzando en el Cirque du Soleil. Veía todo lo positivo que la situación me ofrecía, a saber: meditar, estar con amigos sin prisa, leer, gozar del silencio…
  • Explicaba los beneficios de aquella situación inesperada e indagaba sobre ellos. Así reforzaba lo bueno y lo positivo, manteniendo mi tono vital mental y corporal. Mis preguntas se centraron en: ¿qué puedo aprender de esta situación?, ¿qué puedo descubrir de mí misma?
  • En esencia, apliqué la indagación apreciativa, que se centra en los aspectos que fortalecen la energía, la vitalidad y el bienestar de un sistema, sea este un cuerpo, un grupo, una familia, una organización. En mi caso me centré en todo aquello que daba sentido a mi vida y vitalidad a mi cuerpo.

Ante un malestar, depresión, enfer­­medad, es bueno plantearse preguntas que nos conecten con nuestro cen­­tro vital en vez de preguntas que nutran el malestar. Por ejemplo, ¿qué opor­­tunidades me brinda esta situación? En vez de ¿qué me estoy perdiendo por culpa de esta situación? Visualizarse sano. Invocar la energía saludable. Utilizar imágenes inspiradoras de esperanza y confianza, en vez de imágenes que nos desesperen. Así movilizamos nuestro sistema curativo. Y estar convencido del poder sanador del cuerpo y de la mente. Recuerde: el sistema de creencia activa la curación. Piense que puede mejorar y que su cuerpo tiene la capacidad para lograrlo.


domingo, 22 de diciembre de 2013

CÓMO APRENDER A PEDIR PERDÓN

Admitámoslo -no siempre es fácil llevarse bien con los hermanos, los padres y los amigos. Nadie es perfecto, y todos hacemos a veces cosas que nos hacen meternos en problemas. Aprender a pedir perdón puede ayudarnos mucho.

Pedir perdón es lo mismo que disculparse. Al pedir disculpas, una persona está diciendo que siente o le sabe mal el daño que ha causado, incluso aunque no lo haya hecho a adrede. Cuando una persona se disculpa, también puede añadir que intentará enmendarse en el futuro. Asimismo, la disculpa también puede ir acompañada de una promesa de reparar o sustituir lo que se ha roto, o la persona se puede retractar de algo que ha dicho.

 

 

¿Qué efecto tiene?


Cuando le pides perdón a alguien -y lo haces sinceramente- significa que te has detenido a pensar en cómo puede haberse sentido esa persona por algo que tú has dicho o hecho. Cuando te detienes a pensar en los sentimientos de otra persona, empieza a saberte mal tu comportamiento. Y, si has hecho algo que sabías que estaba mal, es posible que hasta te avergüences de ello.

Incluso aunque lo que ha ocurrido haya sido un accidente o lo hayas hecho sin querer, probablemente te seguirá sabiendo mal haber herido los sentimientos de otra persona. Después de disculparte, es posible que te sientas un poco mejor (lo que probablemente también le ocurrirá a quien reciba tus disculpas). Cuando una persona pide disculpas con tacto, lo más probable es que se sienta mejor por haber intentando arreglar las cosas.

 

 

¿Cómo se disculpa uno?


Hay muchas formas diferentes de pedir perdón. He aquí algunos ejemplos:
  • "Me sabe muy mal haberte dicho algo tan feo."
  • "Siento haberte perdido el libro."
  • "Perdí los estribos, pero no debería haberte dicho lo que dije. Lo siento."
  • "Siento haber herido tus sentimientos."
  • "Siento haberte chillado."
  • "Me sabe fatal haberte pegado cuando perdí el control. Me he pasado. No volverá a ocurrir."
  • "Lamento haber enviado el mensaje que te envié."


Cuando pidas disculpas a alguien, es posible que esa persona también se disculpe contigo. Por ejemplo, te puede decir: "No tiene importancia. Yo también lo siento. No debería haberme metido contigo". Y es posible que luego volváis a ser tan amigos como antes.

 

 

¿Cuándo debería disculparme?


Es posible que te tengas que disculpar cuando hagas daño a alguien, hieras sus sentimientos, o pierdas algo que le pertenece. También puedes tener que hacerlo si rompes algo (incluso accidentalmente) o si haces algo que sabías que estaba mal -como mentir o saltarte una norma adrede. Y también si haces algo que tus padres te han prohibido o no haces algo que se supone que deberías hacer.

Puedes tener que disculparte ante otro niño o ante un adulto. Los adultos también pueden pedir perdón -a otro adulto o a un niño. Después de todo, ellos también cometen errores de vez en cuando. Disculpándose cuando han actuando mal, los adultos pueden dar un buen ejemplo y enseñar a los niños a hacer lo correcto y a pedir perdón cuando es necesario.

 

 

¿Y si estabas enfadado?


Todos nos enfadamos con otras personas de vez en cuando. Enfadarse no es malo -y no es nada por lo que nos debamos disculpar- pero es importante saber cómo debemos decirle a la persona con quien nos hemos enfadado por qué nos hemos enfadado.

Cuando los niños pequeños se enfadan, pueden pegarse, darse patadas o chillarse. No tienen mucho autocontrol, y pueden no haber aprendido todavía que está mal pegar a otra persona cuando uno está enfadado. Pero, cuando crecen y aprenden a utilizar palabras, saben que es mejor hablar que pegar, dar patadas o chillar cuando uno está enfadado. Aprenden a expresar sus sentimientos verbalmente, es decir, con palabras. Por supuesto, las palabras que emplean cuando están enfadados pueden ser más fuertes o duras de lo habitual -pero no es preciso que sean despreciativas o insultantes. Puedes decirle a una persona que estás enfadado sin dejarla por los suelos ni insultarla. Puedes expresar cómo te sientes con sinceridad sin ser maleducado.

Pero a veces te domina el enfado y puedes llegar a perder el autocontrol. Cuando pierdes los estribos, puedes decir cosas desagradables, insultar, empujar o pegar a otro niño. Pero después probablemente te darás cuenta de que, incluso aunque tuvieras derecho a enfadarte, no te has comportado correctamente. Será entonces cuando, sin lugar a dudas, deberías disculparte.

 

 

¿Una disculpa lo arregla todo?


Pedir perdón cuando uno necesita hacerlo es lo correcto. Disculparse es una buena cosa. Pero, en sí, puede no bastar para que todo vuelva a ser como antes. A veces, junto con la disculpa, la persona necesita reparar el error o decir que intentará no volverlo a hacer nunca más. A veces, tener un detalle con la persona después de disculparte ayuda a hacerle ver que lo sientes realmente y quieres volver a ser su amigo.

A veces, un "lo siento" sincero lo arregla todo inmediatamente. Otras veces, una persona puede tardar cierto tiempo después de recibir tus disculpas en sentirse tan cerca de ti como antes. Tal vez tengas que darle tiempo. Incluso después de haber pedido perdón, es posible que siga sabiéndote mal lo que dijiste o hiciste -pero podrás estar satisfecho por haberte disculpado y haber tomado la decisión de mejorar.

Cuando alguien te pida perdón por algo, es posible que no te sientas con ganas de volver a ser su amigo inmediatamente. También es posible que, si una persona que se ha portado mal contigo repetidamente no cambia, dejes de querer ser su amigo. Tal vez encuentres un alivio por el hecho de que esa persona se te haya disculpado -y te alegres de que, por lo menos, se haya dado cuenta de que se portó mal contigo. Pero, si sigue hiriendo tus sentimientos o comportándose de un modo que te hace daño, es posible que las cosas nunca vuelvan a ser como antes. El mero hecho de que una persona se disculpe contigo no significa que estés obligado a volver a ser su amigo. Eso es algo que sólo depende de ti.


Fuente: http://kidshealth.org/kid/en_espanol/sentimientos/sorry_esp.html

sábado, 21 de diciembre de 2013

PERDONAR, PEDIR PERDÓN

Experimentar el perdón es algo que nos hace crecer, tanto cuando lo otorgamos como cuando lo pedimos. Y en relación a este acto cabe hacer algunas apreciaciones.

A veces equivocadamente se confunde perdonar con el “no pensar en…” en intentar olvidar la ofensa y quien nos ofendió, pero basta que el recuerdo aflore para que nos carguemos de malos pensamientos, de odio tal vez o venganza quizás. Entonces no hemos perdonado aún. Perdonar no significa siquiera que expresemos esta idea a la persona que nos ofendió. Es posible que no tengamos contacto con ella, es posible que ni siquiera quiera vernos… perdonar significa que nuestra actitud para con ella será la que se tiene con una persona a la que se aprecia, por la que nos interesamos sinceramente. De hecho el perdón puede ser concedido sin decir una palabra, pues puede bastar una simple sonrisa para demostrar que en nuestro interior no se guarda ningún rencor. Eso basta.

Sin embargo pedir perdón es en primer lugar una intención del alma, pero eso sólo  no nos bastará. No sirve  simplemente con un arrepentimiento interior, una intención que reconoce un error cometido. Es necesario actuar, es necesario acercarnos a la persona a la que ofendimos y expresar nuestro arrepentimiento y nuestra humilde solicitud de perdón. Sin este esfuerzo no creceremos interiormente puesto que este paso exige muchas cosas de nosotros mismos pero es también y sobre todo una gran expansión de nuestra capacidad de amar, de entender al prójimo. En este caso no basta un simple deseo porque en gran medida el daño causado podrá verse mitigado por nuestra solicitud y además facilitamos al ofendido la posibilidad de crecer también él en amor al brindarnos el perdón.

Pero tanto en un caso como en otro sucederá que los beneficios de perdonar o pedir perdón ocurrirán en nosotros independientemente de que el ofensor o el ofendido acepten nuestro perdón o nos perdonen porque nuestra alma se mueve en la dirección correcta si todo se hace con recta intención y es que, esta consideración da pie a un interesante descubrimiento: cuando nos movemos en el ámbito espiritual, siempre, siempre, siempre, la pelota está en nuestro tejado. Esto es, independientemente de quien tenga razón, de lo que haya sucedido, de cómo me sienta, el que yo pueda alcanzar la paz interior dependerá de los actos o las intenciones hacia las que se encamine mi alma, mis pensamientos. Si me han ofendido no hace falta que me pidan perdón para yo perdonar sinceramente. Si he ofendido, no hace falta que me perdonen para yo pedir perdón sinceramente. Y cuando actuamos con esa sincera intención siempre alcanzaremos la paz.

A veces las situaciones se enredan y a menudo, por nuestra compleja naturaleza, una situación se complica y es imposible desenredarla sin un doble esfuerzo. Un ejemplo habitual es una discusión de pareja en la que ambos acaban extralimitándose en sus palabras. Llega un momento en que el cruce de ofensas se ha producido y tendremos que perdonar a la vez que pedir perdón a la misma persona. Es importante descubrir que no es un simple intercambio de perdones, “yo te perdono si tú me perdonas”, sino que se trata de una actitud independiente de lo que haga el otro. Crecer en amor, superar este obstáculo o este peldaño de nuestro castillo interior, supone aprender a perdonar y a pedir perdón con todo el corazón, sin reservas.

He hecho antes mención de que de nada sirve un arrepentimiento interior y un ánimo de enmienda si cuando admitimos un error, una ofensa producida, no expresamos nuestro deseo de perdón a la persona ofendida. Es muy lógico porque si no lo hiciéramos no estaríamos intentando al menos, reparar el mal. De la misma manera que todos sabemos que una víctima sufre aún más si ve que su verdugo no muestra la más mínima señal de arrepentimiento sucede que una señal de arrepentimiento libra a la víctima de parte del dolor siempre que consiga perdonar. Esta acción, el expresar el arrepentimiento, tiene una notable repercusión pues en cierto sentido entiendo que escenifica lo que es el sacramento de la confesión, que no es sino la escenificación de las intenciones del alma, arrepentimiento y ánimo de enmienda, expresadas verbalmente de forma que formalizan tanto esa solicitud de perdón como el perdón mismo concedido por el sacerdote cuando absuelve. La confesión es el medio mostrado por Jesús para lograr el perdón de Dios, instituido cuando dijo ” a quienes perdonéis los pecados les serán perdonados y a quienes se los retengáis les serán retenidos”.

Fuente: http://sietecirculos.wordpress.com/cuarto-circulo/perdonar-pedir-perdon/


viernes, 6 de diciembre de 2013

¿QUÉ LE GUSTA A UNA MUJER DE UN HOMBRE?

La verdad es que la humanidad es relativamente caprichosa en sus gustos: lo que gusta a unos no gusta a otros. Las mujeres por tanto, no deberían de escapar de esta norma y tendrían unos gustos y unas necesidades muy distintas, que satisfacerían eligiendo hombres distintos. Pero lo cierto es que a pesar de que a todos nos gustan cosas distintas, si repasásemos la lista de los grupos musicales que más gustan; de las películas que más gustan; de las series de la tele que más gustan… nos encontraríamos con coincidimos en nuestros gustos más de lo que hemos empezado diciendo en este artículo. Aun así es inevitable que a mucha gente no le gusten “Los Simpson”, o no le guste los “Rolling Stones”. Pero aún así incluso hasta algunos de los que no les gustan estos productos reconocen que “tienen algo”. En el caso de las mujeres, es posible que a ellas les gusten hombres distintos porque como ya hemos dicho, tienen necesidades distintas, tienen intereses distintos, hasta tienen gustos distintos. Pero aún así, hay una serie de rasgos que a las mujeres les suelen gustar de los hombres independientemente de sus necesidades particulares. Por todo esto, en este artículo vamos a hacer dos listas: una de ellas con cosas que a las mujeres casi invariablemente les gustan de los hombres de forma más o menos objetivas; y otra de ellas con cosas que a las mujeres les gusta a veces de los hombres y ha veces no, en función de sus necesidades y de sus gustos particulares. En este artículo, qué le gusta a una mujer de un hombre.

Cosas que gustan a una mujer siempre de un hombre

  1. Que se cuide. Nada de eso de hombres que no se cambian de calzoncillos en cuatro meses, que no se lavan, que no cuidan su vestuario… Una mujer suele insistir mucho en que la gustan los hombres bien aseados, bien vestidos. No gustan los hombres descuidados en su aspecto, en su higiene… Aunque es completamente cierto que los hombres solemos tender a ser de media más guarros que las mujeres, nos lavamos menos, lavamos menos nuestra ropa, no le damos tanta importancia a la higiene diaria…
  2. Que tenga un buen cuerpo. Hay muchos cuerpos de hombres que pueden resultar atractivos a una mujer. Pero si no cuidamos nuestro cuerpo pues es normal que en no mucho tiempo aparezcan michelines, carnes caídas, falta de forma… No hace falta matarse en el gimnasio, y a las mujeres no las gustan los hombres demasiado cachas, pero sí las gustan los hombres en forma, que mantienen su físico cuidado y en su máxima expresión, con su peso adecuado, con sus formas masculinas…
  3. Que sepa vestir. Comúnmente cuando una mujer se hecha novio, intenta hacerse con el control completo del vestuario de su chico… Pero aún así, conquistaremos con mayor facilidad el corazón de una mujer si aprendemos a vestir. Para ello podemos poner el ejemplo de un restaurante e3+n donde siempre sirven la misma comida, todos los días lentejas… Con el tiempo, le cogeríamos un asco tremendo a las lentejas, pero no porque no nos gusten: si no porque nos tendemos a cansar de siempre lo mismo… Con nuestro vestuario pasa igual: si siempre vamos igual y no cambiamos, pues no impresionaremos a los demás. Las mujeres llevan esto al extremo y a veces se compran un traje, lo usan una sola vez, y luego deciden que ya no les vale porque la gente ya las han visto con este traje y no quieren repetir dos veces el mismo traje… No hace falta ser tan exagerado, pero sí aprender a cambiar nuestro vestuario.Digamos que podemos tener varios estilos distintos: rock, gótico, calle, sport… y los vamos cambiando, un día uno y otro día otro, estilos por supuesto que se adapten a las circunstancias, tanto externas, como internas (estados de ánimo). Simplemente es cuestión de crear estos estilos, miramos la ropa que tenemos, miramos cómo la podemos combinar, y creamos 7, 8, estilos nuestros distintos, y cada día que salgamos pues tenemos uno distinto. Aunque por supuesto se puede repetir, por ejemplo siempre que vallamos a las piscinas podemos tener el mismo esto de vestir, algo tipo “sport”.
  4. Que sea noble, simpático, divertido… Se ha demostrado que las mujeres que dicen tener un marido con sentido del humor son más felices de media que aquellas que dicen que su marido no destaca precisamente por su sentido del humor. Eso sí, manteniendo la nobleza, la sinceridad… Las mujeres que están casadas con un bufón son felices también… pero por lo general para ligar no conviene ser demasiado bufón con las mujeres, porque ellas, aunque quieren por supuesto a un hombre que las haga reír; también quieren a un hombre muy hombre, y eso es muy noble, muy varonil… Y si somos unos payasos absolutos pues perdemos esta varonilidad… Es cuestión de hallar el equilibrio entre ser divertidos por un lado; y ser nobles y sinceros, por otro.
  5. Que sea sociable y con éxito. A las mujeres no las gustan los hombres sin oficio ni beneficio. Podemos enamorar a una mujer con cosas de nuestra vida como tener una buena profesión, tener alguna afición interesante, tener planes de futuro… Y además, ellas siempre le dan mucha importancia al que un hombre sea sociable, que tenga buen trato con los demás, que sea buen conversador, sensato, que no sea ni demasiado violento ni demasiado sumiso en el trato social…


Cosas que a veces les gustan las mujeres de los hombres

  1. Que sea extrovertido. A pesar de los tópicos, es común que las mujeres que no tienen problemas de sociabilidad les atraigan bastante los hombres algo tímidos y un poco retraídos. Sí es cierto que a las mujeres más tímidas les puede atraer los hombres más extrovertidos, más espontáneos, con menos miedos sociales… Ellas se enamoran de extrovertidos porque compensan su mal trato social. Pero no tiene por qué ser así siempre, y yo recuerdo que por ejemplo, la chica de la que yo estaba enamorado en el insti era completamente tímida, introvertida… ¿qué sentiría ella por mí… ? No lo sé pero a veces entre tímidos también nos enamoramos.
  2. Que sea decidido. Ya sabemos que existe el tópico de que los hombres decididos, que cogen el peso de una relación sobre sus hombros, son más atractivos. Pero lo cierto es que a las mujeres más dominantes las suelen gustar tener a su lado a un hombre sumiso, algo bobalicón, que no se queje, que sepa fregar y planchar… y que sea en definitiva, un poco nenaza o un poco calzonazos. Aun así, a la mayoría de las mujeres las gustan los hombres decididos; pero no perdamos de vista ese pequeño porcentaje de mujeres que las gustan los hombres más tranquilos y sumisos.
  3. Que sea alto y fuerte. De normal a las mujeres las gustan los hombres bastante altos, al nivel de España pues rondando el 1,80. Pero a un porcentaje de mujeres no las gustan los hombres tan altos, y prefieren hombres más bien de su misma estatura, sobre el 1,60 o poco más. Además, a algunas de ellas las gustan los hombres un poco débiles y asténicos, flacosen definitiva, aunque a la mayoría los gustan los hombres de un tipo normal  (a pesar de los mitos, son muy pocas a las que gustan los hombres con un “tipo cachas” o muy musculado).
  4. Que sea un poco niño. Algunos hombres siguen manteniendo rasgos algo infantiles cuando llegan a la edad adulta. Son hombres divertidos, con mucha ilusión por todo, con normalmente una buena inteligencia, con muchos intereses,… Sí, son hombres algo “frikis”, intelectuales, algo tímidos, muy finos en su trato y en sus modales… Pero en cambio, a algunas mujeres las gustan los hombres más “hombres”, más maduros, con cara de hombres y no de niños, con un trato no tan fino y algo más varonil, con menos “pájaros en la cabeza” y ambiciones más pragmáticas… A veces incluso podemos intentar buscar nuestro equilibrio de seguir permaneciendo con algunos rasgos un poco niños; y a su vez incorporar en nosotros rasgos más de hombres adultos, como ser un poco más pragmáticos con nuestro futuro, tener ambiciones más concretas, no ser tan idealistas incluso…
  5. Que sea muy activo. Pues a muchas mujeres las atraen esos hombres que siempre están haciendo cosas, que nos proponen una cena tan pronto como nos proponen una escapada al campo, que no se pueden estar quietos ni un solo segundo, que si no están en el trabajo están en el gimnasio poniéndose en forma; que tienen amigos aún de casado y queda con ellos de vez en cuando (sólo o en pareja); que todos los sábados por la noche propone a su mujer ir a cenar fuera a un restaurante, y luego ir a tomar un helado, hasta terminar en la discoteca a las cuatro de la mañana, abrazándose y bailando con su mujer-novia… En cambio, a otras mujeres las atrae más los hombres más tranquilos, más caseros. Hombres que una vez han terminado con sus obligaciones de trabajo, se ponen delante de la tele y son capaces de estarse así tranquilos hasta que se van a la cama. Hombres algo más callados, con menos fuerza vital, un poco menos salvajes, de agradable compañía y agradable conversación, pero un poco sosostambién. Es una cuestión de gustos, aunque otra vez digo lo que antes: a la mayoría de las mujeres las gustan los hombres activos. Aunque un porcentaje menor de ellas prefieren los hombres más tranquilos y sin tantas energías, supongo que porque ellas son mujeres que también son tranquilas y que aspiran a una vida tranquila. No buscan las emociones de las personas activas…



Fuente: http://seduccionyautoayuda.com/que-le-gusta-a-una-mujer-de-un-hombre/

miércoles, 4 de diciembre de 2013

RECONOCER TUS ERRORES TE LIBERA.

Pedir perdón es difícil, pero es el primer paso para que nuestros fallos se vuelvan aprendizajes, además mejora las relaciones.


Aunque nuestro ego se resiste a admitir que hemos errado, asumir los propios errores y reconocerlos ante los demás es el primer paso para convertir nuestros fallos en aprendizajes útiles. Pedir disculpas a quienes nos rodean es otra habilidad social poco cultivada pero muy positiva para mejorar las relaciones.
"Admito que me equivoqué"; "lo siento, te debo una disculpa"; "reconozco que has sido un error de mi parte"; "al final la que tenías razón eras tu y no yo"; "he metido la pata". Frases como éstas suelen atragantársele a la mayoría de la gente y deben superar muchas resistencias psicológicas para salir de su boca.

¿Por qué cuesta tan trabajo aceptar los errores?

¿Por qué nos cuesta tanto reconocer ante los demás que nos hemos equivocado? La mayoría estamos de acuerdo con el dicho popular de que "errar es humano y corregir es de sabios", pero un escaso porcentaje de nosotros lo pone en práctica con naturalidad; la mayoría lo posterga, lo evita todo lo posible o ni siquiera se lo plantea.
"Una de las razones por la que nos resistimos tanto a admitir nuestros fallos ante los demás es que consideramos erróneamente que esto supone una muestra de debilidad o de incapacidad, cuando en realidad suele ser todo lo contrario: es una demostración de seguridad y confianza en uno mismo, y de nuestra capacidad de rectificar y aprender de los errores", explica Carmen Retuerce, experta en habilidades sociales.
Otra de las razones de las resistencias a reconocer una equivocación propia ante otra persona consiste en que "a menudo ello implica tener que pedirle después una disculpa, algo que muchos viven como una auténtica humillación o una forma de otorgar poder a otra persona sobre uno mismo".

¿Eres como un erizo?

A menudo nos cuesta reconocer nuestras equivocaciones simplemente porque la falta de práctica y de costumbre nos mantiene por una especie de una inercia mental, en una posición de autoprotección, es como cuando el erizo se transforma porque se siente amenazado.
Esta actitud nos muestra ante los demás como personas arrogantes e inflexibles, lo cual nos conduce no sólo a llevarnos y comunicarnos mal con ellos, y a sentirnos a disgusto con nosotros mismos. No reconocer los errores es el mayor de los errores y a su vez el origen de un camino que nos aleja de la gente, de la realidad y de la posibilidad de ser felices.

¿Cómo puedes cambiar?

Para salir de este pernicioso ciclo, la experta recomienda empezar por reconocer los fallos pequeños: "por ejemplo, hemos de bromear sobre una comida que no nos ha quedado rica o un despiste como el de perder las llaves. Esto nos dará práctica y soltura para reconocer errores importantes y abrir la puerta a una solución".
También puedes prestar atención a las personas humildes que no tienen reparos en pedir disculpas a los demás y comprobar el efecto positivo y de satisfacción de su actitud, tanto en ellos mismos como en los demás. El mundo no se acaba por pedir disculpas; realmente no pasa nada por hacerlo.
Una vez que se haya pedido perdón por un error considerable, hay que intentar corregirlo para no volver a cometerlo. Pero hay que hacerlo con la cabeza bien alta: no hace falta bajar la mirada ni avergonzarse; basta con reconocer el error y mostrar el deseo de que se acepten nuestras disculpas.
Cuando las disculpas nos las piden a nosotros y lo hacen con sinceridad, hay que aceptarlas y agradecerlas, en lugar de intentar machacar a esa persona. Así como tratamos a los demás, los demás tenderán a tratarnos a nosotros.

Fuente: http://www2.esmas.com/mujer/dietas-y-ejercicios/psicologia/196894/reconoce-errores-libera-aprende-convierte-fallos-disculpas-relaciones-psicologia-persona/

lunes, 2 de diciembre de 2013

ONCE RECOMENDACIONES PARA MEJORAR LA VIDA SEXUAL DE PAREJA....

Se habla mucho acerca de técnicas para disfrutar más las relaciones sexuales. Cada pareja sabe qué cosas le dan resultado, y con el tiempo van conociéndose y aprendiendo las cosas que le gustan al otro. A continuación encontrarás 11 consejos que, definitivamente, van a serles muy útiles:

1. Mejor Preámbulo
¿Sientes que tu pareja acelera o se saltea la parte más excitante de hacer el amor? Tal vez necesita ayuda para relajarse. Pídele que se eche y se quede quieto mientras tú lo acaricias y besas durante media hora, aproximadamente. Que él no te haga nada a ti mientras tanto. Quienes no pasan esta prueba normalmente se aceleran o se saltean el preámbulo de la relación sexual, y esto hace que su vida sexual sea menos satisfactoria. Afortunadamente para tu pareja, este test es la terapia que necesita. Hazlo hasta que pase la prueba.

2. Mejor Sexo Oral
Prueben hacerlo en las escaleras. Esto funcionará para ambos. Simplemente échate en las escaleras (sobre almohadas para mayor comodidad), con la cabeza de tu pareja entre tus piernas en un escalón inferior. Esto le facilita el movimiento del cuello y la cabeza. Y les da a los dos una mejor vista.

3. Mejor Intimidad
Para que una mujer logre orgasmos impresionantes, no sólo necesita la ayuda de su pareja sino que los dos necesitan confianza y cariño. Para reforzar ese sentimiento, guarden un tiempo para demostrarse el cariño y afecto que tienen por su pareja: Siéntate de espaldas a la pared, y que tu pareja se eche, apoyando su cabeza sobre tus piernas y abrázala cariñosamente. Sientan el cariño del otro. Sientan latir sus corazones. Luego intercambien lugares y repitan este momento. Pueden hacer esto vestidos o desnudos, antes de hacer el amor o en cualquier momento.

4. Mejores Besos
Los labios son muy sensibles, es más, son la única parte del cuerpo que tiene más nervios y más sensibilidad que el clítoris. Prueben variar sus besos, entre estos cinco tipos: 
  • Deja que sus labios se resbalen entre los tuyos como si estuvieras comiendo pudín que se está chorreando de una cuchara.
  • Mordisquea sus labios con los dientes, presiona con los labios.
  • Succionar su lengua estimulará a las glándulas de saliva que hay debajo, y que producen una saliva que es muy dulce.
  • Respirar sobre labios húmedos, inhalando o exhalando, es extremadamente sensual y excitante.

5. Mejor Sexo Matutino
La Estrella de Mar es una excelente posición para el sexo matutino, para evitar la visión y olor quizás no muy agradable de una pareja recién despertada. Funciona así: la mujer se echa boca arriba, y el hombre se eche a su derecha, apoyado en su costado izquierdo. Ella levanta su pierna derecha y él coloca su pierna derecha debajo, sobre la pierna izquierda de ella. El muslo derecho de él debe quedar entre las piernas de ella. De la cintura para arriba, pueden acomodarse como quieran, no tienen que estar pegados, o si prefieren besarse pueden estar muy cerca. Esta es una excelente posición cuando están cansados, porque la Estrella de Mar es fácil de lograr y ninguno tiene que sostener el peso del otro. Además se le pueden hacer muchas pequeñas variaciones.

6. Mejor Juguete Sexual
Las almohadas comunes y corrientes son los más ignorados juguetes sexuales. Denle un poco de sabor a su vida sexual esta misma noche, con una o dos almohadas estratégicamente colocadas:

  • Apiladas detrás de su espalda: A los hombres les fascina ver cómo les hacen sexo oral, por eso si él está más levantado y cómodamente apoyado, podrá ver todo lo que su pareja le hace.
  • Colocadas debajo de su pecho: Esto le da a él una mejor posición y más comodidad a su cuello mientras te hace sexo oral a ella.
  • Apiladas en una esquina: Creen un nuevo espacio que esté listo para hacer el amor (y deshacerse de las evidencias con rapidez).

7. Mejor "Punto"
Todos saben acerca del clítoris; incluso sobre el Punto G. Pero un punto de placer que puede que ninguno de los dos conozcan es el cuello uterino o cervix, que es la entrada al útero y además es un órgano rico en terminaciones nerviosas altamente sensibles. Pocas mujeres saben que la fricción del cervix con la punta del pene puede producir un orgasmo. Prueba echarte boca arriba con las piernas levantadas -esto acorta el tracto vaginal y hace más accesible el cervix.


8. Mejor Orgasmo
Para disfrutar del sexo más intenso y satisfactorio, enfoquen su atención en su propio placer. Esto va sobre todo para las mujeres, ya que aquellas que experimentan el mayor placer sexual y los orgasmos más frecuentes son las que tienen menos distracciones durante el sexo. Esto significa que se concentraron en su excitación y placer mientras hacían el amor. ¿La principal distracción de las mujeres que no llegaron al orgasmo? Preocupación por su apariencia. Si una mujer está preocupada e insatisfecha con su apariencia física, es más difícil que se deje llevar. Pistas para comprobar si sus preocupaciones por su físico están interfiriendo en una buena relación sexual:
  • Normalmente quiere que las luces estén apagadas.
  • Rara vez deja que su pareja la vea desnuda.
  • Se preocupas por cómo la ve su pareja durante el coito.
Para acabar con esas ansiedades que interfieren con el placer sexual, la mujer debe concentrarse en "el momento", en sentir cada caricia, cada contacto, beso y sonido. Pruébenlo esta noche.

9. Mejor Estimulación Olfativa
La forma más segura de excitarse está en sus narices: La sexualidad está estrechamente vinculada con tu olfato. Para lograr lo máximo de tu sentido más sexy, prueben una de estas sugerencias.
  • Para que los dos se exciten: Evoquen el mejor olor del otro y recuerden la primera vez que lo sintieron. Déjense llevar por lo que sintieron esa vez.
  • Para mantenerse cerca: Cuando él esté de viaje usa una camisa suya para dormir. Cuando ella viaje, empaca una prenda suya para acortar la distancia entre los dos.
  • Para intensificar los momentos después del sexo: sientan el olor de las sábanas después de hacer el amor, y coméntenlo.
  • Para amistarse después de una pelea: acuérdense del olor erótico del otro.

10. Mejor Sincronización
Durante los cinco días posteriores al final del periodo, por lo general los orgasmos de una mujer pueden ser más frecuentes y placenteros que en cualquier otro momento del mes. Muchas mujeres sostienen que cuando mejor se sienten es en esta época -después de dejar de sangrar, pero antes de que aparezcan los síntomas premenstruales- es entonces cuando son más sensibles. Traten de programar tiempo exclusivamente para hacer el amor entre el quinto y décimo día de su ciclo. Puede que lo disfruten tanto que acaben haciéndolo más seguido.

11. Mejor Comunicación
Compartan sus fantasías, sus deseos, lo que les gusta y lo que no. Recuerden, la mejor manera de obtener algo, es pidiéndolo. Por lo general, las parejas que declaran tener las mejores relaciones sexuales, son las que tienen muy buena comunicación, dentro y fuera del dormitorio.



Fuente: http://psicologa-actual.blogspot.com.es/2008/05/se-habla-mucho-acerca-de-tcnicas-para.html