lunes, 6 de enero de 2014

Nuestra mente y la salud

Cuando estamos absortos imaginando una fantasía sexual, nuestro cuerpo puede responder como si estuviera teniendo esa experiencia; la mera suposición anticipada de un encuentro hostil puede hacer subir la presión sanguínea; conjeturar una situación que nos provoca temor acelera nuestro ritmo cardiaco… Estos ejemplos muestran que la relación entre lo que proyectamos en nuestra mente y la respuesta fisiológica y corporal es evidente. Del mismo modo, cuando suponemos que algo ocurre, nues­­tro cuerpo responde como si estuviera sucediendo en la realidad. Si cambiamos lo que imaginamos por algo más positivo, podemos influir directamente en la situación.

Numerosos estudios muestran que las imágenes construidas conscientemente pueden llevar a efectos tales como un aumento de la glucosa en sangre, la formación de ampollas, mayor secreción de ácido gástrico, y cambios en la temperatura de la piel y en el tamaño de las pupilas. Está claro que el cuerpo y la mente constituyen un sistema unificado e interdependiente. El poder de la creencia y de la imagen que mantenemos asociada a ella nos ayuda a mejorar nuestra salud cuando son positivas. En cambio, cuando son negativas, se incrementa nuestro malestar.

El esfuerzo creativo. A veces recurrimos a recuerdos negativos de situaciones que hemos vivido que nos hacen mantener una visión nociva de lo que puede ocurrir. En casos así debemos hacer un esfuerzo creativo para llegar a enfoques positivos. Podemos lograrlo descubriendo en nuestro pasado experiencias de superación y recurriendo a ellas, o bien imaginando un futuro mejor. Esto tendrá consecuencias saludables a todos los niveles: mental, corporal, emocional y relacional.

Alimentar la confianza. Los medicamentos actúan en ocasiones con un efecto placebo. Son productos que quizá no tienen una elevada repercusión fisiológica, pero son curativos porque el enfermo está convencido de que esa será su consecuencia. El efecto placebo se da, por ejemplo, cuando el médico transmite una imagen de futuro positivo al paciente. Esto alimenta su confianza y su esperanza. Con ello, el paciente cree en el resultado que obtendrá y, así, lo atrae y lo genera. Es decir, el resultado fisiológico de los pensamientos afecta directamente a la salud.

David Cooperrider, creador e impulsor de la Indagación Apreciativa, en su artículo sobre imagen positiva-acción positiva afirma: “La respuesta placebo es un proceso fascinante y complejo en el cual las imágenes proyectadas, tal como se reflejan por una creencia positiva en la eficacia de un remedio, provocan una respuesta curativa que puede ser tan poderosa como la terapia convencional. Aunque el fenómeno del placebo ha sido controvertido durante casi veinte años, la mayoría de los médicos aceptan hoy día como genuino el hecho de que entre uno y dos tercios de todos los pacientes tendrán una mejoría marcada fisiológica y emocional en sus síntomas simplemente creyendo que se les está dando un tratamiento efectivo” (Beecher, 1955; White, Tursky y Schwartz, 1985).

Norman Cousins, miembro de la Facultad de la Escuela de Medicina de UCLA (Universidad de California, Los Ángeles), en su obra Las opciones humanas (1981), sugiere que, más allá del sistema nervioso central, del hormonal y del inmunológico, hay otros dos que no se han tenido en cuenta convencionalmente, pero que deben reconocerse como esenciales para el buen funcionamiento del ser humano: el curativo, y el sistema de creencias. Cousins argumenta que los dos trabajan juntos: “El curativo es la forma en la que el cuerpo moviliza todos sus recursos para combatir la enfermedad. El de creencias es, a menudo, el activador del sistema curativo”.

La investigación en muchas áreas confirma este punto de vista y muestra que las respuestas placebo no son místicas ni inconsecuentes, y que las respuestas mentales y psicofisiológicas pueden ser canalizadas a través de más de cincuenta mensajeros moleculares neuropéptidos que enlazan los sistemas nerviosos, endocrino, autónomo y central (White, Tursky y Shwartz, 1985).

Una experiencia personal. He comprobado en carne propia los beneficios de mantener creencias e imágenes positivas sobre mi situación corporal. Sin ir más lejos, en 2011 tuve un accidente de moto en el centro de la ciudad de Barcelona. El impacto afectó a nueve vértebras, con fracturas, aplastamientos y fisuras de diversa consideración. Utilicé de inmediato la visión positiva: ¡Estoy viva! ¡Respiro! Un sentimiento de agradecimiento se apoderó de mí mientras aún yacía en la calle.

El pronóstico fue que debía pasar tres meses en posición horizontal, sin poder doblarme. Me vi obligada a ponerme un corsé de hierro para poder mantenerme en posición vertical, pero procurando no estar más de 30 minutos al día de pie. Después de tres meses en cama tuve una larga recuperación, que duró otros tantos debido a la pérdida de tono muscular provocada por la inmovilización.

El traumatólogo estudió la primera resonancia magnética después del accidente y me dijo que alguna de mis vértebras continuaría aplastada de por vida. Decidí desafiar su pronóstico y utilizar el efecto placebo: cada día en meditación visualizaba el crecimiento de mis vértebras y que podía moverme con total flexibilidad. Además seguí un régimen alimenticio que contribuyó a prevenir la descalcificación.

Dos meses y medio más tarde escribía: “Hoy he visto los resultados de las radiografías, y las vértebras que supuestamente tendría aplastadas de por vida han rehecho su altura y las he recuperado al cien por cien. Las vértebras están vivas y han crecido”.

En todo el proceso apliqué lo siguiente:
  • Apreciar el hecho de estar viva. La actitud de agrade­­ci­­miento y aprecio genera bienestar, y ello contribuye a una mejora vital.
  • Visualizar mi futuro con las vértebras restablecidas en su altura y flexibilidad normal. Me visualizaba danzando en el Cirque du Soleil. Veía todo lo positivo que la situación me ofrecía, a saber: meditar, estar con amigos sin prisa, leer, gozar del silencio…
  • Explicaba los beneficios de aquella situación inesperada e indagaba sobre ellos. Así reforzaba lo bueno y lo positivo, manteniendo mi tono vital mental y corporal. Mis preguntas se centraron en: ¿qué puedo aprender de esta situación?, ¿qué puedo descubrir de mí misma?
  • En esencia, apliqué la indagación apreciativa, que se centra en los aspectos que fortalecen la energía, la vitalidad y el bienestar de un sistema, sea este un cuerpo, un grupo, una familia, una organización. En mi caso me centré en todo aquello que daba sentido a mi vida y vitalidad a mi cuerpo.

Ante un malestar, depresión, enfer­­medad, es bueno plantearse preguntas que nos conecten con nuestro cen­­tro vital en vez de preguntas que nutran el malestar. Por ejemplo, ¿qué opor­­tunidades me brinda esta situación? En vez de ¿qué me estoy perdiendo por culpa de esta situación? Visualizarse sano. Invocar la energía saludable. Utilizar imágenes inspiradoras de esperanza y confianza, en vez de imágenes que nos desesperen. Así movilizamos nuestro sistema curativo. Y estar convencido del poder sanador del cuerpo y de la mente. Recuerde: el sistema de creencia activa la curación. Piense que puede mejorar y que su cuerpo tiene la capacidad para lograrlo.


Miedo a perderse algo

Toni llega sistemáticamente tarde a todas las citas. Y si algo le caracteriza es la celeridad. Su tremenda impuntualidad no se debe, pues, a que sea lento, sino a que su vida la forma una concentración de actividades pegadas unas a otras. Por muy deprisa que vaya, nunca puede llegar a tiempo. Una frase lo caracteriza: “No quiero malgastar la vida”. Y allí se encuentra la raíz de su conducta.

En la sociedad en que vivimos, si algo nos define es ir acelerados, y no solo en la faceta laboral, sino también en nuestra parcela ociosa. Huimos de un miedo que tenemos escondido en todas nuestras células: que llegue el final de nuestras vidas y que nos arrepintamos de no haberla vivido más intensamente o haberla desperdiciado.

El sufrimiento es algo muy íntimo. La sensación de soledad, de culpa, las dudas, la negrura que se nos instala dentro, suele parecernos algo muy nuestro. Propiedad privada. Solemos esconderlo; los demás, que nos parecen más felices, no podrían entenderlo. Todos solemos enseñar nuestra cara más sonriente. Así, unos idealizamos la vida de los otros. Pensamos que detrás de la sonrisa de los demás se encuentra una vida más fácil que la nuestra.

Las redes sociales multiplican esta idealización. En Facebook, por ejemplo, muchas personas cuelgan fotos de sus vidas: suculentas comidas, fiestas con los amigos, viajes alucinantes, momentos románticos… Nadie cuelga la bronca con su pareja. Así, cuando un domingo por la tarde sentados en el sofá del comedor nos ponemos a contemplar esas instantáneas fantásticas de nuestros amigos, nos podemos sentir muy desgraciados. FOMO (fear of missing out; en español, miedo a perderse algo) es la nueva etiqueta que ha surgido para esta sensación. ¡Estamos apoltronados en el sofá cuando los demás están disfrutando intensamente de la vida! ¡Nos estamos perdiendo algo! Según un estudio, tres de cada 10 personas con edades entre 13 y 34 años están sufriendo FOMO.

El sentimiento de que la vida pasa y quizá no la estamos aprovechando como deberíamos también lo aumenta la cantidad de oportunidades que nos ofrece el mundo desarrollado. Hace solo unas décadas, la televisión disponía de un único canal; ahora, el número es apabullante. Parece que en la vida pasa lo mismo. Las opciones se multiplican constantemente.

Unos días atrás me quedé sin champú. Entré en el primer establecimiento que vi, pero no encontré la marca que suelo utilizar. Podía comprar cualquier otro. Pero no fue tan fácil. No conté los tipos de champú que había, pero no menos de 40. Mis neuronas tardaron un buen rato en elegir uno. Ridículo.

Según el psicólogo Barry Schwartz, el aumento de opciones que nos ofrece la sociedad de consumo nos aleja de la felicidad en lugar de acercarnos a ella. San Francisco de Asís, que afirmaba: “Necesito pocas cosas, y esas pocas las necesito poco”, seguro que hubiera estado de acuerdo con él. El incremento de posibilidades aumenta nuestra frustración fundamentalmente por cinco motivos:

1. El tiempo que necesitamos para elegir. Mis amigos estuvieron durante mucho tiempo riéndose de mi móvil. ¿Por qué no lo cambias? Me gustaba cuando me enseñaban las aplicaciones de los suyos, pero pasar de mi simple telefonillo a un smartphone lo veía una aventura. No tenía ni idea de cómo empezar a elegir, y pensaba que una vez comprado no tendría tiempo para aprender a manejarlo y sacarle partido. Invertí muchas horas pidiendo consejo a cualquier persona que veía con uno en la mano. El análisis produce parálisis. Y así estaba yo, inmovilizada. Hasta que un día mi hermana me empujó dentro de un comercio para que me lo comprara de una vez.

2. El espacio que ocupan las opciones. Cuando entre varias posibilidades hemos elegido una y descartado las demás, en algunos casos las descartadas siguen estando disponibles, invadiendo espacio en nuestra mente. Supongamos que nos vamos de fin de semana y decidimos estar desconectados. Y así lo hacemos; sin embargo, la posibilidad de conectar el teléfono está allí constantemente. Quizá se nos cruce por la cabeza en varios momentos. Y aunque superemos esas fugaces tentaciones, necesitamos una mínima energía para conseguirlo. Las opciones ocupan espacio mental, aunque las descartes.

3. Aumentan nuestras expectativas. Barry Schwartz en una de sus conferencias explicó que siempre viste vaqueros. Antes era fácil comprarlos, solo tenías que indicar tu talla al vendedor. Este psicólogo confesaba su mareo actual cuando el dependiente le pregunta cómo los quiere: ¿talle alto, bajo?, ¿lavados a la piedra?, ¿rotos, cosidos?… “Lo curioso es que ahora que puedo elegir entre tantas posibilidades estoy menos satisfecho con mi compra… tanto es así que he tenido que escribir un libro para entender el porqué”, bromea. Se refiere a su obraPor qué más es menos. Según él, cuando te ofrecen tantas variedades de un producto, aumentan tus expectativas. En el caso de los pantalones, piensas que te van a quedar mucho mejor. Y cuanto más altas son las expectativas, más difícil es que la realidad se acerque a ellas. La insatisfacción está servida.

Cuando lo que se esperaba era menor, podíamos llevarnos sorpresas positivas. En nuestros días, esta alegría inesperada es cada vez menos común.

4. Crece el arrepentimiento. Unos meses atrás, la mujer de un amigo me invitó a su fiesta sorpresa de 50º aniversario. La celebración consistió en un día en el campo con muchos amigos y muchas actividades a elegir. Debías escoger entre unas cuantas: excursión en bicicleta, a pie, rafting, relajarse en el lago… Todas atractivas. Mi parte sedentaria escogió el lago, y la verdad es que tengo un recuerdo muy bonito de esa tarde. La compartí con una amiga con la que hacía tiempo que no coincidíamos, y la conversación fue de lo más suculenta. Pero… ¿me lo habría pasado mejor si hubiese ido de excursión? Al final del día, cuando todos estábamos juntos de nuevo, la pregunta que iba circulando era: ¿qué tal lo habías pasado en bici?, ¿qué tal el rafting?… Creo que en el fondo de esa cuestión había la necesidad de saber si cada uno había elegido bien la actividad. No sé si alguien se arrepintió de la opción elegida. Lo que sí está claro es que cuando crecen las posibilidades de elección, también lo hacen las de arrepentimiento.

5. Aumenta el sentimiento de culpa. Cada día existen más tipos de tratamiento para un mismo diagnóstico dentro de la medicina alopática. Y además también podemos optar por salirnos de ella y recorrer los caminos menos “oficiales” de las alternativas. La decisión es toda nuestra. He oído en más de una ocasión comentarios del tipo: “ha muerto de cáncer, pero es que no quiso quimioterapia y se fue hacia las terapias naturales” o “se murió porque no probó otras terapias menos intrusivas y más naturales”. En cualquier caso, parece que la culpa es del muerto. Horrible.


Tenemos miedo a desperdiciar la vida, a perdernos algo, pero… ¿el qué? ¿Esa fiesta que vemos en Facebook, el coche que tiene el vecino, un superviaje como el que hace nuestro primo…? Realmente la desperdiciamos cuando ocupamos nuestras sinapsis en: elegir “el mejor” reloj, en idealizar la vida de los demás, en sentirnos frustrados por no vivir tan intensamente como supuestamente viven los otros… Inmersos en nuestros montajes mentales sí que nos perdemos algo: apreciar lo esencial. Bonnie Ware acompañó a muchos enfermos en los últimos días de su vida. Ninguno se arrepintió de no haberse comprado ese coche o de no haber ido de vacaciones a no sé dónde. Esas personas, al mirar atrás, confesaban que si volvieran a vivir, disfrutarían más de sus amigos, no se dejarían acorralar por preocupaciones nimias, expresarían con más sinceridad sus sentimientos… Conclusiones lúcidas que propicia la cercanía de la muerte, pero a las que afortunadamente podemos llegar sin tenerla cerca.





jueves, 2 de enero de 2014

¿CÓMO GESTIONAR TUS FRACASOS?

Hace un año te lo prometiste, "voy a ponerme en forma" decías. Igual que hace dos años, igual que hace tres, como siempre, como has hecho siempre.

Y pudiera ser que este año volvieras a fracasar, porque la derrota es algo real. Más que real, es probable y cuando algo se torna probable tiene todos los números para convertirse en un hecho. Podría entrar a valorar  el error o no de ponerse una fecha para empezar y terminar las cosas que hacemos pero eso es algo tan humano como respirar y si no que levante la mano quien no haya dicho nunca algo como "empiezo el 1 de enero y si para el 1 de marzo no he visto resultados lo dejo". Demasiado humano.

Hoy quiero hablarte sobre qué hacer cuando pierdas. Cómo reaccionar ante una derrota.

Siempre digo que hay dos formas de recibir una bofetada, una de ellas consiste en mirar de frente y recibirla con el mentón levantado y la otra se basa en cerrar fuerte los ojos, mirar hacia otro lado y rezar para que no duela mucho. Esas son las dos formas de encajar una derrota: puedes abrir los ojos y extraer como una experiencia lo que has hecho bien y lo que no o puedes maldecir a la suerte, cerrar los ojos y no enterarte de lo que ha pasado. Ah, y repetir error tras error para volver a perder.

Las cosas sólo se hacen realmente bien cuando antes las hemos hecho mal muchísimas veces. Cada vez un poco "menos peor" pero mal al fin y al cabo. Cuando tenía 14 años fui a lanzar una canastas, fui solo y así como entraba andando cogí la pelota y tiré desde el centro de la cancha, la pelota entró limpia por el aro. Después fui a por la pelota, volví al mismo punto, lancé y no se acercó a más de 1 metro. Volví a intentarlo durante una hora y no pude volver a conseguirlo. Eso es suerte + osadía = Error tras error. Ese día no aprendí nada.

Al cabo de un par de días, cuando mi cabreo ya había pasado, volví a la cancha con una tiza, un boli y un cuaderno. Me puse a 4 metros de la canasta, hice una marca en el suelo y empecé a tirar, lanzaba y apuntaba los aciertos y errores. Cuando hubo más canastas que fallos daba un paso más atrás y seguía. Así hasta llegar al centro del campo. Al cabo de dos horas era capaz de encestar 3 de cada 10 lanzamientos desde el centro del campo. Ese día traté con la derrota, la acepté, la dejé entrar en casa, hablamos un rato y la convertí en mi amante.

Joan Gallardo. Fuerza, Motivación e Inconformismo.


Fuente: http://joangallardo.blogspot.com.es/2013/12/ama-tus-derrotas.html?m=1

sábado, 28 de diciembre de 2013

POLICIA BRITÁNICA DIFUNDIÓ UNA FOTO DE SANTA CLAUS VOLANDO EN SU TRINEO.

Medios británicos reflejan este jueves el curioso tuit del servicio de vigilancia aérea de la Policía, que está equipado con cámaras que captan variaciones en las fuentes de calor y que en la noche de Navidad generaron una foto y sugirieron que se trataba de Santa Claus volando a través del cielo de Leicester al mando de sus populares renos.
santa trineo volando



El rumor surgió de la unidad Husbands Bosworth del NPAS, que durante la Nochebuena lanzó el mensaje junto con la imagen y generó el revuelo magnificado por la prensa. No era para menos, tratándose de una cuenta oficial de los servidores públicos británicos:
El jefe de la policía de Leicester, Simon Cole, apoyó la difusión explicando que en realidad creía firmemente que se trataba de un OVNI, y que, por lo tanto, además se trataba de un objeto potencialmente peligroso. Por eso valoró el trabajo de sus oficiales en otro tuit: “Qué gran foto de la fuente de calor. Gracias por darte una vuelta #Santa”.
Sin embargo, fueron los mismos oficiales los que luego confirmaron que se trató de una imagen creada en Photoshop para divertirse: los oficiales de la policía, después de brindar, se había tomado un momento de descanso para elaborar la broma digital.

viernes, 27 de diciembre de 2013

PENSAR DEMASIADO EN LOS DEMÁS

Maria
María tiene 25 años. Es la hija pequeña de una familia en la que, en apariencia, no hay grandes problemas entre los miembros de la misma; no hay problemas económicos, y en realidad, todo parece bastante armónico.
Maria estuvo en el colegio cuando era pequeña y después estudió en el Instituto con buenos resultados. También fue a la Universidad y por supuesto con los mismos excelentes resultados.
En cuanto terminó sus estudios empezó a trabajar en lo que se puede considerar un buen trabajo, por méritos propios, a pesar de que su padre también trabajaba en la misma empresa.

María tiene amigas y amigos, y tiene novio como cabe esperar. Sale, se divierte, trabaja y realiza todas las actividades propias de su edad.
Como es bastante trabajadora comenzó a estudiar otra carrera universitaria para ampliar sus conocimientos, y le iba bastante bien.
Ha seguido los pasos de una "buena hija", uno por uno y su vida transcurría sin sobresaltos. En un futuro no muy lejano, posiblemente se casaría, posiblemente tendría hijos y, posiblemente, todo permanecería dentro de una estructura social estable. Pero un día su novio rompe su relación con ella y María comienza a sentirse muy mal. Ya nada le gusta, nada le apasiona, no disfruta con nada, no quiere salir con los amigos, le cuesta ir a trabajar(aunque es el único lugar en donde se distrae), y ya no quiere estudiar más. Tiene miedo al futuro.
Está triste, pero sobre todo, su vida se ha desestructurado. Parece que las cosas han perdido su sentido y no comprende por qué si siempre ha hecho lo que debía, lo que ha aprendido que es correcto.
Maria acaba de darse cuenta de que no sabe quién es ella, no sabe dónde está María, y tiene miedo.

Pilar
Pilar tiene 40 años. Es la hija pequeña de una familia en la que hay dos varones mayores que ella.
Cuando ella era pequeña sus padres tenían problemas entre ellos. Su padre bebía y maltrataba a su madre y a sus hermanos.
En su familia ella "debía de ser la mujercita de la casa". Sus padres trataban y consideraban de forma diferente a los varones y a las mujeres. Y ella aprendió a trabajar en su casa, a cuidar a los demás y también aprendió a callar y a esconderse para no provocar la ira de su padre.
Tuvo una escolarización normal y renunció a seguir estudiando porque sus hermanos no lo habían hecho, por lo tanto su obligación era trabajar como ellos, aunque a ella le hubiera gustado seguir estudiando.
Posteriormente encontró novio y se casó, aunque cuando era joven tuvo dificultades para salir con la gente a divertirse ya que se consideraba que una chica debía llegar a casa pronto y no "excederse" en nada.
Como su padre y su madre se llevaban mal, ella dormía con su madre hasta que se caso. Luego tuvo una hija y un hijo, que ahora tienen 13 y 9 años respectivamente. Pilar tiene, en principio, un carácter alegre y extrovertido, pero aprendió a callar y ceder en su casa y siguió callando y cediendo en su matrimonio hasta que cayó en una depresión, un trastorno obsesivo-compulsivo, un trastorno de ansiedad y también de dependencia (este último ya existía anteriormente).
- ¿Por qué? ¿Qué me ocurre?.
- "No debo ser una buena madre ni esposa ni hija".
Su padre ya murió y su madre ahora está enferma. Sus hermanos se desentienden de su madre pero ella no; ella todos los días va a su casa a hablar con ella y ayudarla porque es su "obligación". Y, aún así, se siente culpable porque no hace lo suficiente, porque su madre se puede morir.
Pilar es su padre, su madre, su marido, sus hijos... y, ¿dónde está Pilar en realidad?,
¿quién es ella de verdad?.
No lo sabe porque nunca ha sido ella misma, sólo lo que los demás han querido que ella sea
Tiene miedo al futuro, al presente, a vivir, a casi todo, y sobre todo a descubrir por primera vez quién es ella.

Amparo
Amparo es una mujer de 48 años. Tiene un hermano mayor que ella y otro menor. Su familia vive en un pueblo en donde todos se conocen.
Su infancia fue normal. Realizó sus estudios y ahora es profesora de un Instituto. Cuando terminó sus estudios sus padres tuvieron problemas económicos de modo que ella, sin pensarlo mucho, empezó a colaborar con la familia económicamente. Pero su colaboración siguió y mientras sus hermanos se casaban o vivían su vida, ella no, no se preocupaba de ella misma.
Ahora sus padres han envejecido, su padre tiene sufre una enfermedad mental degenerativa, y ella se los llevó cerca para poder cuidarlos en la medida en que su trabajo se lo permite.
Pero ahora Amparo se ahoga en su pueblo; está atrapada con unos padres viejos y enfermos.
Sus hermanos no entienden sus quejas puesto que ella eligió cuidarles. Ahora ella se pregunta por el sentido de su vida y por su futuro.
Amparo está deprimida. Se siente atrapada dentro de una cárcel que ella misma construyó sin darse cuenta porque cuando los demás se divertían, salían, se emparejaban, se construían su vida, ella estaba ocupada ayudando a su familia.
- ¿Y ahora qué? ¿qué puedo esperar que ocurra? ¿qué es mi vida?.
- ¿Cuándo podrá ser Amparo?

Las convenciones sociales
María, Pilar y Amparo, ¿qué tienen en común?.
Las tres han estado convencidas, han asumido que debían ser unas buenas niñas, unas buenas hijas, y sus vidas serían satisfactorias al obrar en consecuencia.
No hicieron en su momento una revisión de estas creencias básicas ni de las consecuencias que estas podrían tener sobre sus vidas.
Para los demás es muy cómodo, perfecto diría yo, cuando una mujer mantiene estas creencias, que aseguran cuidados, sumisión, ayuda incondicional, ausencia de grandes conflictos y que todo esté "en orden", tal y como mandan las "buenas maneras" de la sociedad.
Pero las consecuencias para estas mujeres devienen en: falta de autonomía, falta de identidad propia, falta de control sobre sus propias vidas, falta de autoestima y diversos trastornos psicológicos.
Por eso, cuando el equipaje que han ido cargando poco a poco, a lo largo del tiempo y este se ha ido haciendo demasiado pesado, van apareciendo síntomas. Y estos se van convirtiendo en trastornos tales como depresión, ansiedad, dependencia, evitación, obsesiones, compulsiones... Pueden llegar a sufrir muchos problemas porque pesa demasiado, y es difícil para ellas ver cuando comienzan a surgir los problemas, si se vive en una sociedad que apoya estos comportamientos tratándolos como los más deseables y correctos.
Estas mujeres son, en muchas ocasiones, sociables, les gusta la gente, y ellas gustan a los demás porque no crean conflictos, ayudan siempre que se les necesita e incluso antes de que nadie lo pida. Efectivamente son "buenas amigas" "novias", "hijas", "madres", "esposas... pero renunciando a su YO.
No ponen límites y dejan fácilmente que los demás les invadan el terreno. No saben decir "no", y acceden a las peticiones de los demás sin cuestionarlas. Y a sus intereses, renunciando a los propios, a sus preferencias... y a casi todo.
Se trata de vivir por y para los demás; que los demás estén contentos, y desde luego, algunos suelen estarlo con esta actitud de renuncia, pero, ni aun así. Muchas veces no están suficientemente contentos. Es como llenar una bolsa que tiene un agujero y por mucho que se meta en ella nunca se llena.
Viven pensando que de esta manera serán queridas y aceptadas por los demás, pagando un precio muy alto por este supuesto cariño que no es más que egoísmo y comodidad de algunas personas
Ellas lo aprendieron de pequeñas de diferentes formas y lo mantienen porque tienen mucho miedo a no ser queridas, a perder a los demás si se atreven a pedir lo que les corresponde, a ser rechazadas si se niegan a algo.
Tienen miedo de perder aquello que nunca han tenido.
Nunca tuvieron el cariño verdadero de los demás, porque no les quieren a ellas por lo que son, por ser ellas mismas, sino porque les complacen, porque acceden, porque son una imagen irreal creada para el gusto de los demás. Y no pueden saber qué personas les aprecian de verdad porque están en una trampa de hipocresía y mentira con toda su dureza. Con una máscara no se puede conocer bien a las personas.
Estas mujeres cayeron en lo que McKay, Daves y Fanning llaman "la Falacia de la Recompensa Divina".
La Falacia de la recompensa divina consiste en un estilo de pensamiento que se caracteriza por creer que si una persona trabaja, se sacrifica y hace lo "conecto" se verá recompensada de alguna manera por hacerlo "bien".
Se llama falacia precisamente porque esto no ocurre. Cuanto más se sacrifica la persona por los demás, más les acostumbra a que este comportamiento es lo normal y por lo tanto no merece ningún reconocimiento especial.
Una mujer decía: "Nunca me he atrevido a llevar la contraria a mi madre. Si alguna vez lo he hecho, las consecuencias han sido malas, Pero, a la larga, ha sido peor el hacer siempre sus deseos, Y esa ocultación de los sentimientos para evitar broncas, al final sale".
Qué razón tenía cuando hurgando en su pasado llegó a la conclusión de que sus actitudes presentes se habían forjado ya en su niñez, y que ella sin saberlo, seguía repitiendo los mismos comportamientos.
Ellas ayudan, llaman por teléfono para preguntar e interesarse por las vidas de sus seres queridos, les acogen en sus casas, les cuidan si están enfermos y se sienten. , responsables de su "felicidad".
Pero la "felicidad" (en el sentido humano de la palabra, y no como abstracción) sólo es posible alcanzarla por uno mismo. Nadie da la felicidad a nadie.
Por eso ellas siempre se sienten insatisfechas. En primer lugar, por cargar con una responsabilidad que no les corresponde, y que de todas formas no tienen el poder de satisfacer. Y en segundo lugar, y como consecuencia de ello, no se ocupan de lo que sí es su responsabilidad, y es el buscar su propia "felicidad", su propio camino.
Ocuparse de los demás cuando lo necesitan es lógico, pero no por sistema, y no poniendo los intereses de los demás y su satisfacción por delante de los nuestros, y de nuestras necesidades, inclusive muchas veces, las más básicas que las pasamos por alto.
Frecuentemente se encuentran que cuando ellas necesitan ayuda o están enfermas, o se permiten desear algo, no son correspondidas como ellas pensaban que lo sedan. Esto implica muchas veces un sentimiento de frustración cuando ocurre, y a veces de rabia porque es entonces cuando perciben que los demás están demasiado ocupados en sus cosas como para preocuparse por ellas como ellas lo hacen normalmente por los demás. Otras veces, esto no ocurre porque evitan la ocasión. Es decir, no piden nada, no esperan nada y así no existe la posibilidad de sentirse desilusionadas. Este es el conformismo típico de las personas que se anulan a sí mismas.
Este es el precio que se paga por querer ser "una buena niña" y todo lo que conlleva el ver la vida de esta forma.
Se vive sin vivir nada más que a través de los otros; con sentimientos de culpa porque nunca se consigue gustar tanto, complacer tanto a los demás, porque tanta responsabilidad abruma, deprime, provoca ansiedad y crea dependencia de los otros hacia la persona que intenta complacer, y de la persona que quiere complacer hacia los otros, y hacia el mismo hecho de complacer.
Es como si no preocuparse constantemente de los demás les convirtiera en "malas personas", y si alguna vez intentan buscar su propia "felicidad" encuentran un gran vacío y mucha inquietud. Vacío porque no han aprendido cómo hacerlo ni en qué consiste, e inquietud porque se consideran egoístas y perversas por ello.
Resignarse ha sido la palabra de su vida, y la buena causa, la "felicidad" de los demás y el agradarles.
Tiempo y más tiempo de sus vidas perdido sin posible recuperación; por lo menos hasta que no pongan en tela de juicio estas creencias.

Cambiar las "creencias"
Muchas mujeres han quedado presas con estas creencias y las han arrastrado durante todas sus vidas sin, por supuesto, obtener recompensa, pero sí han convertido sus vidas en un sabor amargo.
Otras, han podido y podrán liberarse de ellas consiguiendo una vida más plena, más satisfactoria, menos abrumadora y más digna de ser vivida. Con menos ataduras y más flexibilidad y creatividad.

Entonces, ¿se puede cambiar esto?.
Si, por supuesto, y para ello es necesario romper la creencia de que es malo desear cosas para una misma. No hay que esconderse más en el dormitorio, en la sonrisa falsa, en el acceder a todo, en querer evitar discusiones a toda costa, en aparentar que nos gusta todo lo que dicen los demás, en la vergüenza de decir lo que se piensa, de tener opiniones propias y de ser autónomas. No esconderse en nada y aceptar que nos critiquen o no gustemos tanto a la gente, pero ser YO. Sí, ser María, o Pilar, o Amparo.
Hay que buscar lo que nos agrada y buscar dentro de nosotras mismas cuales son nuestras opiniones, nuestros gustos, lo que rechazamos y expresarlo sin miedo porque es nuestro, porque eso es lo que nos hace ser Yo y no el Otro.
Para ser Yo, hay que respetarse y una vez nos respetamos a nosotras mismas, conseguimos que los demás nos respeten, porque merecemos ese respeto, porque somos personas únicas y valiosas. Y porque si nosotros podemos y debemos respetar al otro, esto es en la medida en que el otro me respeta a mí.


Revisemos pues nuestras creencias.
- ¿Qué es ser buena hija para mí? ¿En qué consiste exactamente?
- ¿En qué consiste ser una buena esposa, compañera, etc?
- ¿En qué consiste ser una buena madre?
- ¿En qué consiste ser una buena amiga?
¿Estoy siendo yo misma cuando me comporto como:
a) "buena hija"?
b) "buena esposa /compañera..."?
c) "buena amiga"?
- ¿Qué perdería si cambiara estos comportamientos?
- ¿Qué ganaría si cambiara estos comportamientos?
- ¿Me respetan los demás?
- ¿Qué puedo hacer para que me quieran por mi misma?(Pasos concretos)
- ¿Puedo sustituir las creencias que me hacen daño por otras más sanas?

Recuerda:
Si me miento, No me Respeto. Si yo No me respeto, yo no soy YO.
SI NO ME RESPETO, NO ME RESPETARAN.

Carmen Rausell Iglesias
Psicóloga cognitivo-conductual

jueves, 26 de diciembre de 2013

QUÉ HACER CUANDO TE RECONOCES COMO UNA PERSONA “TÓXICA”

La “toxicidad” se puede manifestar de diversas formas; mirar por encima del hombro, ataques de rabia y/o ira por cuestiones banales, hablar de manera inflexible y dogmática,quejarse en exceso, ridiculizar a los otros…Todo ello produce que las personas del entorno ya sea familiar, laboral, social, se sientan incomódos, frustrados, culpables o enfadados por la presencia de dicha persona “tóxica”

Por otra parte, las personas “nutricias” son aquellas que actúan como una especie de imán, se hacen irresistibles a los demás por su personalidad y su entorno se siente valorado, apreciado y respetado en su presencia.


Personas nutricias ¿quiénes son?


¿Podemos decir que las personas “nutricias” son “especiales”? No, simplemente, han desarrollado más las habilidades sociales así como la empatía de manera que les resulta más fácil identificar las emociones positivas y negativas de las otras personas, sin necesidad de ser el centro de atención de una conversación.Además, su forma de comunicarse es más asertiva en contraposición a la de las personas “tóxicas” que suele ser agresiva, pasiva y, cuando es asertiva es para usar las técnicas del mismo nombre que le permiten criticar al otro.

Las personas “nutricias” son más auténticas, honestas consigo mismas y con los demás y suelen poseer una elevada inteligencia social ( recordemos que nos movemos en el modelo de las inteligencias múltiples, siendo una de ellas, la social) que les hace más proclives a realizar comentarios positivos, críticas constructivas, reconocer el éxito de los demás, sugerir, opinar sinceramente, negociar y, normalmente, convencer porque no intenta imponer sus ideas ni se enfadan si estas no son aceptadas.

toxico Qué hacer cuando te reconoces como una persona tóxicaSi llegados aquí, nos seguimos identificando como una persona “tóxica” tendremos en cuenta que cualquier actitud contraria a la descrita al hablar de personas “nutricias”, sólo servirá para apartar de su vida a personas que, en algún momento, pueden o han podido ser importantes para ti.

Igual que cualquier otro paciente, existe un paso importante, y prácticamente insoslayable, y es querer cambiar de verdad; si, realmente, estas descontento con tu conducta porque crees que sólo sirve para quedarte aislado, enfadado, entonces deberías cambiar antes que las consecuencias de tu conducta en tus relaciones interpersonales te afecten, generandóte ansiedad, sobretodo.


Consejos para dejar de ser una persona tóxica


1.- En primer lugar, piensa en las conductas “tóxicas” que utilizas más frecuentemente y si tienes los recursos necesarios para cambiar, es decir, paciencia, tolerancia, asertividad, empatía,…
Tienes que darte cuenta si serías capaz de cambiar, por ti mismo, tu forma de relacionarte con el otro de manera que consiguieras tener mayor autocontrol, habilidades sociales o una comunicación asertiva, en lugar de agresiva o pasiva.Si por ti mismo, no crees que puedas hacerlo, consulta a un psicológo para que, te pueda ayudar a convertirte en una persona “nutricia” con todos los beneficios de calidad de vida que te supondrían.

2.- Piensa en tu personalidad que se ha ido formando por todo aquello acumulado en cuanto a experiencias, educación, hábitos, costumbres, sentimientos, valores,… y que es lo que, a su vez, produce tus conductas; es decir,si, en una época determinada de tu vida, has sufrido mucho, lo que ello provoca ves que estes a la defensiva y distante.Sin embargo, seguramente, ya ha pasado mucho tiempo, y no es necesario que sigas manteniendo la misma actitud que, en su día, te sirvió para protegerte pero ahora vuelve a producirte dolor.

3.- Escucha, y no sólo oye, atentamente a los demás e intenta contenerte para decir lo primero que piensas.Por cierto, eso no es más importante que lo que dicen los otros, sino ,como máximo, igual de importante y nunca tienen que estar todos de acuerdo, y viceversa.Lo más importante es escuchar, pensar en lo que es más importante para ti y hablar, sabiendo que todos los puntos de vista sirven para enriquecernos.

4.- Aprende a reírte; dejáte de tomartelo todo tan en serio y practica la risoterapia, liberarás endorfinas y te sentirás mejor.Estarás a punto de conseguir tu cambio cuando hayas aprendido a reírte de ti mismo y de tu forma negativa de ver las cosas.

5.- Sé más flexible, contigo mismo y con los demás.Todo se puede hacer de otra manera; cambiar lo que desayunas, ir al trabajo por otra ruta, decir las cosas de manera diferente,… por poner ejemplos.Si te das la oportunidad de conocer otras maneras, no pierdes nada pero puedes ganar mucho; para empezar, la percepción de tu imagen por parte de tu entorno.

6.- Ejercita, con frecuencia, la autocrítica; no hagas a los demás, aquello que no quisieras que te hicieran a ti.
El resultado de todo ello será que disfrutarás más de la vida y las personas de tu entorno familiar, laboral y social se acercarán más a ti.Así, habrás pasado de ser una persona “tóxica” a ser “nutricia” que hace la vida agradable a los demás, iniciandóse un proceso interno de cambio continuo.
Una vez llegados a ese punto, es muy posible que reconozcas a una persona “tóxica” en tu entorno; explicale tu experiencia para que le sirva de aviso para poder realizar su propio proceso de cambio ya que, de lo contrario, la “toxicidad” se podría extender a tu entorno y te podría suponer una recaída.
Asimismo, es posible que existan personas con características “tóxicas” y “nutricias” mezcladas o, por otra parte, que una producido el cambio a persona “nutricia” se tengan relaciones “nutricias” con algunas personas pero no se pueda evitar tener relaciones “tóxicas” con otras.
Sin embargo, te corresponde a ti saber elegir a las personas “nutricias”, con relaciones que te nutran y te permitan nutrir a los demás y, al mismo tiempo, apartarte de las personas “tóxicas” que generan relaciones “tóxicas”, las cuales sólo produces toxicidad en el entorno familiar, laboral y social.


CLAVES PARA NO DISCUTIR CON TU PAREJA EN NAVIDAD

  1. La decisión de con quién pasar las fechas señaladas es importante tomarla de forma que ambos estéis cómodos con el resultado. Tratad de llegar a un acuerdo equitativo. Turnarse cada año con una familia, por ejemplo.
  2. Escucha y se flexible. Si no se está cómodo en casa de nadie, propón tu propio hogar.
  3. Relájate con las costumbres navideñas. Para ti puede no ser importante, pero para tu pareja sí. Trata de unirte en la medida de lo posible y, sobre todo, disfrutarlo o al menos dejar de quejarte.
  4. Respeta los tiempos que tu pareja utiliza en el arreglo personal y sé paciente.
  5. Si tienes hijos, programa algún tipo de actividad o juego para que no se aburran o se desesperen.
  6. Reservad unos días o unas horas para vosotros solos: una cena romántica o una escapada, por ejemplo.
  7. Si te gusta la decoración, intenta implicar a tu pareja para que sea algo divertido y compartido por ambos. Pero si siente rechazo, déjale y respétale.
  8. Generad ambos un presupuesto común.
  9. Sé paciente con las discusiones familiares.
  10. Tomaros algún día para hacer algo nuevo los dos juntos y salir del cansancio del ajetreo de estos días.